Transcripción y anotación

1. Criterios de transcripción textual ¶ 2. Criterios de transcripción musical ¶ 3. Criterios de anotación léxica

1. Criterios de transcripción textual (por David Mañero Lozano)

El CLO se ocupa de la transcripción de materiales procedentes de todo el ámbito hispanohablante, incluida la tradición sefardí. De este modo, hemos adoptado con escasas variaciones los criterios empleados en el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER), coordinado por la profesora Inés Fernández-Ordóñez (UAM/RAE), quien se enfrentó ejemplarmente al reto de transcribir registros sonoros de distintas variedades del español.

De acuerdo con estas pautas de transcripción, respetamos las convenciones ortográficas habituales, si bien se hacen algunas concesiones a determinadas peculiaridades fonéticas, que en ningún caso aspiran a suplir la información que el especialista interesado en esta materia puede recabar mediante la escucha de los archivos sonoros accesibles en nuestra plataforma electrónica.

En lo referente a los signos de puntuación, aplicamos la norma del español, aunque conviene señalar algunas particularidades que afectan a la transcripción de los textos en prosa. Recurrimos a los puntos suspensivos  en los casos en los que el informante interrumpe el discurso (Ej.: “Cuando el padre le hizo falta otra vez, vino y... sacó la berza”). Cuando se repite una misma palabra, empleamos una coma, que va tras puntos suspensivos en el caso de que anteceda una pausa (Ej.: “Abrió y había allí de..., de, de... muchas mujeres atadas, muertas, mucha sangre”). Cuando el informante deja una palabra incompleta, lo señalamos con guion (–) en el lugar de corte, e introducimos seguidamente puntos suspensivos si se percibe que a continuación hay una pausa. En los casos en los que se deja incompleta una frase, generalmente debido a una autocorrección, lo indicamos con una pleca o barra vertical ("Y le llenó | le cargó el borriquillo de to: de comida, gallinas, de garbanzos, pan, de to").

En cuanto a la transcripción de variantes lingüísticas, en términos generales empleamos las convenciones ortográficas vigentes, si bien preferimos respetar ciertas peculiaridades fonéticas dialectales, como las supresiones (cazaó por cazador, comprao por comprado, comío por comido, na por nada, onde por donde, ande por adonde, pa’l por para él, sabís por sabéis, s’ha por se ha, to’l por todo el, mu por muy, pos por pues, ventitrés por veintitrés, etc.), las adiciones (arrecoger, asín, rubines, muncho) y metátesis de sonidos (trempano), así como las alternancias en el timbre de las vocales átonas. Reflejamos asimismo las variantes morfológicas (Ej.: tuviendo, sos, vos, juegaba, marcharsen, cafeses, traíba, etc.).

Para señalar las diferencias de acento debidas a pronunciaciones dialectales, recurrimos a la tilde con valor diacrítico (áhi, máiz, pajáro, etc.), aunque se contravengan con esto las normas ortográficas.

Sin embargo, no hemos reflejado gráficamente los casos de seseo, ceceo, yeísmo o la aspiración o relajación de consonantes en coda silábica, que en determinados registros obligarían a una completa “refundación” gráfica, además de dificultar la comprensión. En términos generales, seguimos este criterio cuando se detecte una alteración fonética que suponga una sustitución de segmentos. Transcribimos entonces del siguiente modo: ['ehte] > este, ['derde] > desde, ['traθtor] > tractor, ['branka] > blanca, [kaθa'ol] > cazaor, ['ɣweno] > bueno, [a'ßuxa] > aguja, [ko'mel] > comer, [kan'sau > cansao, ['poʝo] > pollo, ['kasa] > caza, [θurko] > surco, [mu'ʃaʃo] > muchacho, etc. No obstante, en los textos poéticos, reflejamos estos rasgos cuando su normalización pueda afectar a la rima. Por lo demás, en el apartado de notas, advertimos de los casos de seseo y ceceo.

En la transcripción de romances, cuando el informante interrumpe la recitación y hace alguna aclaración, lo indicamos entre corchetes ([Com.]), y transcribimos al final de la composición los comentarios. Cuando, por el contrario, se trata de “enlaces prosísticos”, necesarios para la comprensión del texto y el seguimiento de la narración, los transcribimos dentro del texto, también entre corchetes ([Com.: Bueno, y entonces le pregunta a la madre que si tenía hijos, que si tenía padres.]).

Cuando las versiones contienen estribillos, o hemistiquios que se repiten en la interpretación cantada o la recitación, se transcriben una única vez, y se indica en nota la periodicidad con la que aparecen.

Las omisiones de versos o lagunas de las que el informante tiene conciencia se indican mediante una línea de puntos suspensivos, que colocamos entre paréntesis cuando estos responden a un vacío de memoria que el informante no pone de manifiesto. En el caso de que falte más de un verso, se recurre también a los puntos suspensivos, enmarcados entre barras oblicuas del siguiente modo: /.............../.............../

Por último, cuando no entendemos con claridad un término, lo colocamos entre corchetes y signos de interrogación (p. ej.: "y se echó sobre el [¿alzaife?]").

2. Criterios de transcripción musical (por Isabel M.ª Ayala Herrera y M.ª Virginia Sánchez López)

a) Altura/tono: Las transcripciones musicales se han realizado en el tono original o más cercano en el que cantan los informantes, en lugar de transportarlo al modo de referencia (mayor en do, menor en la, frigio en mi, mixolidio en sol, etc.). Asimismo, se han “corregido” desafinaciones momentáneas o prolongadas, sonidos ambiguos y portamentos.

Por lo que respecta a la línea melódica, se han depurado algunos adornos (mordentes, trinos), indicios de improvisaciones, dejando lo esencial de la misma. La reconstrucción de fragmentos o motivos dudosos u olvidos momentáneos se señala entre corchetes.

b) Ritmo: Se han añadido las indicaciones aproximadas de tempo, agógica así como el compás. En ocasiones, ante la dificultad de establecer un ritmo métrico en toda la pieza por los cambios de acentuación y/o presencia de pulso desdibujado se puede optar por transcribir secuencias melódicas sin compás concreto.

c) Relación música-texto: Para los fragmentos silábicos (una nota por sílaba) se emplean plicas y corchetes independientes; cuando hay presencia de melismas (varias notas por sílaba de texto) se usan barras de agrupación de notas en aquellos valores que las contemplan (corchea y consiguientes subdivisiones). En canciones estróficas, se aplica en partitura sólo el texto de la primera estrofa presentando aparte, debajo de la partitura, las siguientes.

d) Armonía: En caso de canciones o partes a dos o tres voces éstas pueden presentarse en pentagramas independientes o bien en el mismo pentagrama cuando se desdoblan (divisi). En cualquier caso, no se sugiere acompañamiento armónico ni cifrado de acordes.

e) Otros parámetros: La presencia de percusiones (palmas, pitos, etc.) o efectos sonoros diversos, matices de dinámica, indicaciones de articulación y de carácter se añadirán en partitura cuando sean relevantes y queden patentes plenamente en la grabación sonora.

3. Criterios de anotación léxica (por Marta Torres Martínez)

La literatura de transmisión oral es una rica e inagotable fuente de léxico que va transmitiéndose de generación en generación y que, además, en muchas ocasiones, se circunscribe a áreas dialectales bastante acotadas que, por tanto, ya no recogen los diccionarios generales al uso.

Teniendo en cuenta esta circunstancia, a la hora de analizar el léxico documentado en las muestras del Corpus de Literatura Oral (CLO), no solo basta con consultar repertorios generales del español actual —como la última edición del Diccionario de la Lengua Española (DRAE, 2014) de la RAE o el Diccionario del Español Actual (DEA, 1999) de Seco, Andrés y Ramos— y los bancos de datos contemporáneos —como el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) o el Corpus del Español del Siglo XXI (CORPES XXI), ambos de la RAE—, sino también corpus y diccionarios o vocabularios adscritos a etapas anteriores de nuestra lengua así como de índole dialectal.

De un lado, en lo que respecta a la diacronía, es sabido que nuestra lengua aún no cuenta con un diccionario de carácter histórico que dé cuenta de los usos y modificaciones de las palabras a lo largo del tiempo, si bien se encuentra en elaboración el Nuevo diccionario histórico (NDH), que desde la RAE está dirigiendo el profesor José Antonio Pascual Rodríguez y cuya primera muestra de consulta electrónica ya está disponible en la Red. Este repertorio queda respaldado por el Corpus del Nuevo Diccionario Histórico del Español (CNDHE), que contiene más de 400 millones de registros y en el que se pueden obtener con gran facilidad datos relevantes para el estudio del léxico y la gramática del español desde el siglo XIII hasta la actualidad. No obstante, también contamos con el Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico de Joan Corominas y José Antonio Pascual (DCECH, 1980-91), cuya función principal es indicar la procedencia de las voces que lematiza. Además, existen otros recursos que la RAE pone a disposición del usuario, tales como el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), que recopila muestras de diferentes géneros desde los inicios del idioma hasta el año 1975; el Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española (NTLLE), que reúne una amplia selección de los repertorios lexicográficos que durante los últimos quinientos años han recogido, definido y consolidado el patrimonio léxico de nuestro idioma; el Mapa de Diccionarios (MdD), herramienta que permite consultar simultáneamente seis ediciones representativas del diccionario académico (1780, 1817, 1884, 1925, 1992 y 2001); y el Fichero General (FG), que consta de más de diez millones de papeletas, léxicas y lexicográficas, ordenadas alfabéticamente en gavetas que contienen, cada una, unas dos mil cédulas.

De otro lado, en cuanto a la variación diatópica, hemos de tener en cuenta algunos corpus y repertorios claves, tales como el Corpus Diacrónico y Diatópico del Español de América (CORDIAM), constituido por documentos escritos en español y en América exclusivamente, generados entre 1494 y 1905 y recabados directamente de archivos, de carácter no literario y no periodístico, que abarcan los actuales 19 países americanos hispanohablantes más el sur y oeste de Estados Unidos, Jamaica, Haití y Guyana; el Corpus Lingüístico de Inventarios (CorLexIn), formado a partir de documentos manuscritos e inéditos del siglo XVII; y el Tesoro Léxico de las Hablas Andaluzas (TLHA, 2000), elaborado por el profesor Manuel Alvar Ezquerra, nutrido de 146 fuentes —desde glosarios generales de la región hasta otros más específicos de las distintas actividades (minería, transporte  fluvial de la madera, cultivo del olivo o de la vid, léxico cofradiero, artesanía popular, explotación de las salinas, pesca, marinería, etc.) o localidades—, y que contiene unas 40.000 entradas diferentes, que suman más de 86.000 acepciones.

Al analizar y estudiar el léxico de las composiciones registradas en el Corpus de Literatura Oral (CLO), se pretende contribuir a un mejor conocimiento del léxico español, especialmente de índole popular y dialectal, pues las muestras objeto de investigación se adscriben al ámbito de la vida cotidiana de localidades concretas. En definitiva, se trata de garantizar la conservación de léxico que, en algunas ocasiones, no se registra ya en diccionarios de nuestra lengua y que, por tanto, está destinado al olvido.