Los mozos de Monleón

Referencia: 
0029r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Amadora Colmenero Moreno
  3. Edad del informante: 
    79
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 8 Mayo, 2004
  8. Bibliografía: 

    IGRH: 0371

    Fuentes primarias  
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 44); Atero Burgos (2003: n.º 114); Checa Beltrán (2005: n.º 26); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 132); Piñero Ramírez (1996: n.º 111); Piñero Ramírez (2004: n.º 75); Piñero Ramírez (2014: n.º 72).

  9. Resumen: 

    Una madre viuda quiere con locura a su único hijo. Cierto día, este le pide que le deje ropa para ir a torear. Su madre se opone porque tiene miedo de que muera en la plaza y, ante la insistencia del hijo, lo maldice para asustarlo y que así desista de su intento: le asegura que si va a la corrida, lo traeran muerto en un carro. El hijo busca ropa prestada y acude a la corrida. En algunas versiones, cuando los mozos se dirigen hacia la plaza, el caporal les aconseja que no entren a torear porque el toro es demasiado bravo. Durante la corrida, el toro empitona al muchacho y muere. En ocasiones, el moribundo pide confesión y los mozos tratan de llevarlo a la iglesia o llaman al sacerdote para que se presente en la plaza, pero no llegan a tiempo. Recogen el cuerpo sin vida del aficionado, lo suben en un carro y se acercan a la puerta de la viuda, a quien se lo entregan para que lo amortaje. La mujer se lamenta de haber maldecido a su hijo. A los pocos días, enloquece y sale al campo bramando como un toro. El narrador aconseja a las madres que no maldigan a sus hijos.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.8. Casos y sucesos
  3. ¶: 

    En el pueblo de Segovia     una viudita vivía;  
    tan solo tenía un niño,     que es consuelo de su vida.  
    El muchacho había salido     un poquito aficionado,  
    que quería ser torero     pa matar el toro bravo.  
    Un  domingo por la tarde     a su madre le decía:  
    —¡Madre, sácame la ropa,     que me voy a la corrida!  
    —La ropa no te la saco     ni a la corrida tú vas  
    porque son torillos bravos     y a ti te van a matar.  
    —La ropa no me la sacas,     buscaré ropa emprestada,  
    sacaré la alternativa     para poder torear—.  
    Ya sale Manuel García     a matar el toro bravo,  
    l´ha pasado una cornada     por el costado de izquierdo.  
    De la herida que l´ha hecho     l´ha traspasao el corazón  
    y aunque no murió en el acto     pero muy poco duró.  
    Ya lo suben para arriba,     ya lo bajan para abajo  
    y en la puerta la viudita,      allí pararon el carro.  
    —¡Buenos días, la viudita!     —No son buenos, que son malos.  
    —Y aquí tiene usted a su hijo,     ya puede usted amortajarlo.  
    —Madres que tenéis hijos,     un consejo les voy a dar,  
    que no le echen maldiciones     que le puedan alcanzar,  
    porque Dios está en los cielos,     no se debe de olvidar.