Gerineldo

Referencia: 
0096r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Custodia Aranda García
  3. Edad del informante: 
    70
  4. Localidad: 
    Castillo de Locubín
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Nani Canovaca
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 1 Enero, 1994
  8. Notas: 

    Esta versión tiene un introito lírico tomado de los versos del romance "El prisionero" (IGRH: 0078).

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Estando en el mes de mayo,     cuando las recias calores,
    cuando los toritos bravos,     los caballos corredores.
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldo, esposo mío,
    quién te pillara esta noche     seis horas a mi alberdío.
    —Como soy vuestro criado,     señores, burláis conmigo.
    —No es burlarse, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    Le dio una vuelta al jardín     y otra vuelta dio al palacio;
    y viendo que no había naide,     al cuarto lo iban traído, 
    y se los halló a los dos,     como a mujer y marido.
    [Com.: Claro, si estaban esperando que se fuera esta pa… pa meterse con ella.]
    —¿Qué hago yo en esta tierra?     ¿Qué haré, Padre Jesús mío?
    Que, si mato a la princesa,     queda palacio perdío;
    si mato a Gerineldo,     que lo he criado ende niño.
    Meto la espada por medio     y que sirva de testigo.
    A los fríos de la espada,     la princesa lo ha sentido.
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldo, esposo mío,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormío;
    que la espada de mi padre     de testigo nos ha servido.
    —¿Por dónde me voy, princesa,     para no ser muy sentido?
    —Vete por esos jardines,     cogiendo rosas y lirios.
    Si mi papa te riñese,     dice la culpa he tenido—.
    Y el rey como lo sabía    al encuentro se ha salido:
    —¿Dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo del jardín, buen rey,     de coger rosas y lirios;
    la hermosura de una rosa,     m’ ha trastornado el sentío.
    —No me niegues, Gerineldo,     con la princesa has dormido.
    —Yo no lo niego, buen rey;     ella la culpa ha tenido.