Conde Claros en hábito de fraile

Referencia: 
0107r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Concha Nieves Vázquez
  3. Edad del informante: 
    78
  4. Localidad: 
    Capileira
  5. Provincia: 
    Granada, España
  6. Recopilador: 
    Rocío Álvarez Pedrosa
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 16 Marzo, 2009
  8. Notas: 

    IGRH: 0159

    Fuentes primarias  
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 2); Armistead (1978: P2 [B]); Atero Burgos (2003: n.º 3); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 38); Piñero Ramírez (1996: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 6).

  9. Resumen: 

    Una dama es requerida por un caballero, que le promete mantener su amor en secreto. El amante cuenta su aventura en la corte, con tan mala fortuna de que llega a los oídos del padre de la muchacha. En otras versiones, la descubre un criado, que se lo cuenta a su padre. Este la encierra en un pozo o en un cuarto. Pasados unos días, unos familiares le comunican que va a ser quemada. La muchacha implora la presencia de un ángel, un pájaro o un familiar para hacer llegar a su antiguo amante una carta donde le informa de su situación. El conde accede a salvar la vida de la muchacha porque lleva en el vientre a un hijo suyo. El día en que se disponen a quemarla, aparece el amante, quien, vestido de monje o de clérigo, exige confesar a la joven. Le pregunta cuántos amantes ha tenido y ella responde que solo uno. El conde le desvela su identidad, huye con ella a caballo y se casan. En otras versiones, el conde se descubre y detiene la ejecución.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Elisarda paseaba     por su lindo corredor 
    con el vestido diario,     que le arrastran los galones. 
    Esto que ha pasado el Lunes     y de ella se ha enamorado.
    —¿Quién te cogiera, Elisarda?     ¿Quién te cogiera esta noche?— 
    Lo que le encargó don Lunes     que no se sepa en la corte. 
    A los tres días siguientes     en la corte se decía: 
    —Hace tres noches, señores,     que duermo con una niña—. 
    Las hermanas de Elisarda     estas palabras decían: 
    —Esa será la Elisarda,     por la Elisarda sería—.
    El padre le echó un castigo     que Dios no se lo echó a nadie: 
    —¡Que la metan en los pozos     y se le pudran sus carnes!— 
    Las hermanas de Elisarda     a los pozos se asomaban: 
    —Elisarda, tú eres causa     de mi padre incomodarse. 
    Mañana te llevarán     a los campos a quemarte. 
    —Si bajara un angelito     de esos que suelen  bajar,
    yo le escribiría una carta     al conde de Montalván—. 
    Ha bajado el angelito     por misa de don Gilá: 
    —¿Qué querías Elisarda?     ¿Qué me querías mandar? 
    —Que le lleves esta carta     al conde de Montalván. 
    Y si lo coges comiendo,     no lo dejes acabar; 
    y si lo coges durmiendo,     lo haces por dispertar. 
    —Toma esta carta, don Lunes;     no te la quisiera dar, 
    que a tu querida Elisarda     hoy la van a quemar—. 
    Se ha descambiado de ropa     y se ha puesto a encaminar; 
    se sujeta a la justicia,     la de la vara real. 
    —Que la Elisarda es muy niña     yo la quiero confesar. 
    Dime niña pequeñita     ¿Cuántos besitos le has dao?
    —Besitos na más que uno,     na más que uno le he dao.
    —Dime, niña pequeñita,     si tú te acuerdas de él.
    —Padre mío, sí me acuerdo     de noche como de día. 
    Por culpa de su querer     me quieren quitar la vida—. 
    Se ha descambiado de ropa     y se ha dado a conocer, 
    se han subido en su caballo     como marido y mujer.