San Antonio y los pájaros

Referencia: 
1117r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Purificación Pérez Bueno
  3. Edad del informante: 
    47
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Bibliografía: 

    IGRH: 0194

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: pp. 127-129)

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 35); Atero Burgos (2003: n.º 71); Checa Beltrán (2005: n.º 21); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 194); Piñero Ramírez (1996: n.º 69); Piñero Ramírez (2004: n.º 53); Piñero Ramírez (2014: n.º 122); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 333).

  9. Resumen: 

    El padre de san Antonio acude un domingo a misa y le encomienda a su hijo que tenga cuidado de que las aves no estropeen el sembrado. El niño llama a los pájaros y los encierra dentro de una habitación. Cuando Antonio ve que su progenitor vuelve a casa, manda callar a las aves. El padre le pregunta si ha cumplido con su encargo y el niño le contesta que tiene a los pájaros encerrados en una habitación. El padre queda estupefacto y llama al obispo para que vea el milagro. Una vez en casa de Antonio, el obispo y sus acompañantes abren las ventanas y las puertas para que las aves se marchen, pero Antonio asegura que no lo harán hasta que él no lo ordene. A continuación, el niño les pide a las aves que salgan. Estas lo hacen y se reúnen fuera de la habitación esperando nuevas instrucciones del santo. Este les ordena que se marchen sin picar en los sembrados. Los pájaros se despiden y se marchan.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.5.3. Conversiones, milagros y vidas de santos
  3. ¶: 
    Divino Antonio precioso,     suplícale a Dios inmenso,
    que por tu gracia divina     (y) alumbre mi entendimiento,
    para que tu lengua     (y) explique el milagro
    que en el güerto obrastes     de edad de ocho años.
    (Y) este niño fue nacido     con mucho temer a Dios,
    de sus padres estimado     y del mundo admiración.
    Fue caritativo     y perseguidor
    de todo enemigo     con mucho rigor.
    Su padre era un caballero     cristiano, honrado y prudente,
    que mantenía sus casa     con el sudor de su frente.
    Y tenía un güerto     adonde cogía
    cosechas de fruta     que el tiempo traía.
    Y, una mañana, un domingo,     como siempre acostumbraba,
    se marchó su padre a misa,     cosa que nunca olvidaba,
    y le dijo: —Antonio,     ven acá, hijo amado;
    escucha, que tengo     que darte un encargo.
    Mientras que yo estoy en misa,     gran cuidado has de tener,
    mira que los pajaritos     lo echan todo a perder:
    entran en el güerto,     pican el sembrado,
    por eso te encargo     que tengas cuidado—.
    Mientras se ausentó su padre     y a la iglesia se marchó,
    (y) Antonio tuvo cuidado     y a tos los pájaros llamó:
    —Venid, pajaritos,     no entréis al sembrado,
    que mi padre ha dicho     que tenga cuidado—.
    —Para que mi padre vea     he cumplío con mi obligación,
    voy a encerrarlos a todos     dentro de mi habitación—.
    Lleno de alegría     san Antonio estaba
    y los pajaritos     alegres cantaban.
    Cuando vio venir al padre,     luego les mandó callar.
    Llegó su padre a la puerta     y comenzó a preguntar:
    —Ven acá, Antoñito,     ¿qué tal has pasado?
    ¿Has cuidado bien     de los pajaritos?—.
    Y el hijo le contestó:     —Padre, no tenga cuidado,
    que, para que no hagan daño,     todos los tengo encerrados—.
    Y el padre, que vio     milagro tan grande,
    (y) al señor obispo     trató de avisarle.
    Y acudió el señor obispo     con grande acompañamiento;
    todos quedaron confusos     (y) al ver tan grande protento.
    Y abrieron ventanas,     puertas a la par,
    por ver si los aves     se querían marchar.
    (Y) Antonio les dijo a todos:     —Señores, nadie se agrave,
    los pájaros no se marchan     mientras que yo no lo mande—.
    Se puso en la puerta     y les dijo así:
    —Vaya, pajaritos,     ya podéis salir.
    Salgan cigüeñas con orden,     águilas, grullas y garzas,
    gavilanes y avutardas,      lechuza, mochuelo, graja.
    Salgan las urracas,     tórtolas, perdices,
    palomas, gorriones     y las codornices.
    Salga el cucu y el vilano    y la pastora del río,
    canarios y ruiseñores,     todos, burracos y mirlos.
    Salgan verderones     y las calderinas
    y las cornujadas     y las golondrinas—.
    Y, ya que salieron todos,     todos juntitos se ponen,
    (y) escuchando a san Antonio     para ver lo que dispone.
    Y Antonio les dice:     —No entréis al sembrado,
    marchar a los montes,     riscos y a los prados.