San Antonio y los pájaros

Referencia: 
0959r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Fermina Álvaro Cebrián
  3. Edad del informante: 
    51
  4. Localidad: 
    Miguelturra
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María del Prado Cuenca Redondo, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Martes, 18 Enero, 1983
  8. Notas: 

    La informante indica que el título de este romance es El milagro de san Antonio.

    Notas léxicas:

    cogujadas: son aves más regordetas y algo más claras de plumaje que las alondras; se distinguen por la cresta larga y empinada y el pico bastante largo ligeramente curvado (Roger Peterson, Guy Montfort y P. A. D. Hollom, Guía de campo de las aves de España y demás países de Europa, 2.ª ed. basada en la edición inglesa revisada y ampliada en colaboración con J. J. Ferguson-Lees y D.J.M. Walace, traducción y adaptación española por Mauricio González Díez, Barcelona, Omega, 1967, p. 236).

    corderinas: por cardelinas, ‘jilguero’ (DRAE: 2014).

    Otros datos de la informante:

    La informante nació en Miguelturra y vive en Ciudad Real, donde se recogió la versión.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0194

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 355-356).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 35); Atero Burgos (2003: n.º 71); Checa Beltrán (2005: n.º 21); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 194); Piñero Ramírez (1996: n.º 69); Piñero Ramírez (2004: n.º 53); Piñero Ramírez (2014: n.º 122); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 333).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.5.3. Conversiones, milagros y vidas de santos
  3. ¶: 
    Antonio divino y santo,     suplíquealo a Dios inmenso
    que por tu gracia divina     alumbre mi entendimiento,
    para que mi lengua     refiera el milagro
    que en el güerto obraste     de edad de ocho años.
    Desde niño fue criado     con mucho temor de Dios,
    de sus padres estimado     y del mundo admiración.
    Fue caritativo     y perseguidor
    de todo enemigo     con mucho rigor.
    Su padre era un caballero     cristiano, honrado y prudente,
    que mantenía su casa     con el sudor de su frente.
    Y tenían un güerto     donde recogían
    cosechas y frutos     que el tiempo traía.
    Por la mañana un domingo,     como siempre acostumbraba,
    se marchó su padre a misa,     cosa que nunca olvidaba.
    Y le dijo: —Antonio,     ven acá, hijo amado,
    escucha que tengo     que darte un recado.
    Mientras que yo estoy en  misa,     gran cuidado has de tener,
    mira que los pajaritos     todo lo echan a perder.
    Entran en el güerto,     pican el sembrado,
    por eso te advierto    que tengas cuidado—.
    Ya que se ausentó su padre     y a la misa se marchó,
    Antonio quedó cuidando     y a los pájaros llamó:
    —Venid, pajaritos,      no entréis en sembrado,
    que mi padre ha dicho     que tenga cuidado.
    Para que yo mejor pueda     cumplir con mi obligación,
    voy a encerraros a todos     dentro de esta habitación—.
    Y los pajaritos     juntitos se ponen
    viendo a san Antonio     lo que les dispone.
    —Vengan palomas, jilgueros,     alondras y codornices,
    canarios y ruiseñores,     avecillas y perdices;
    vengan cogujadas*     y las corderinas*
    y las avutardas     y las golondrinas—.
    Llega su padre de misa     y a todas mandó callar,
    y cuando llega a la puerta     le empezó a preguntar:
    —¿Qué tal, hijo amado,     qué tal, Antoñito,
    has cuidado bien     de los pajaritos?—.
    Y Antonio le dice así:     —Padre, no tengas cuidado,
    que para que no hagan nada      todos los tengo encerrados—.
    Su padre que vio     milagro tan grande
    al señor obispo     trató de avisarle.
    Ya viene el señor obispo     con grande acompañamiento;
    todos quedaron confusos     al ver tan grande portento.
    Abrieron ventanas,     puertas al azar
    por ver si las aves     se quieren marchar.
    Y Antonio les dice así:     —Señores, nadie se agravie,
    los pájaros no se marchan     mientras que yo no les mande—.
    Se puso en la puerta     y les dijo así:
    —Vaya, pajaritos,     ya podéis salir—.
    Y los pajaritos todos     cantan con dulce alegría,
    despidiéndose de Antonio     y de toda su compañía.
    Y el señor obispo     que vio tal milagro
    por diversas partes     mandó publicarlo.