Rosita encarnada

Referencia: 
1191r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Evarista Pajares
  3. Edad del informante: 
    76
  4. Localidad: 
    Abastas
  5. Provincia: 
    Palencia, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 1 Enero, 1981
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00008 15 y ATO 00008 16)

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Rosina encarnada".

    Algunos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Cancionero de Palencia, t. I. de J. Díaz.

    Otros datos de la informante:

    Aunque Evarista es natural de Abastas, en el momento de la grabación residía en Añoza (Palencia).

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 5019.9

    Fuentes primarias
    Atero Burgos (2003: n.º 183); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 172).

  10. Resumen: 

    Rosita Encarnada es novia de un muchacho al que reclutan como soldado para la guerra de África. Cuando este vuelve, la encuentra casada con otro, aunque ella asegura que fue en contra de su voluntad. Él le pide un beso, que ella le niega, y la amenaza de muerte. Rosita le pide que espere hasta que dé a luz, pues, de lo contrario, matará a una criatura inocente. Una vez nacida la niña, el muchacho va en su busca y la apuñala. En algunas versiones se incluye una advertencia a las mozas solteras para que no se entreguen a quien no quieran.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.3.1. La conquista amorosa, amores contrariados, amores desgraciados
  3. ¶: 
    [Com.]
    —(Y) al marcharte, Rosina Encarnada,     me decías que tú me esperabas 
    y ahora vengo a casarme contigo     y, ¡ay!, me encuentro que ya estás casada.
    ¿No te acuerdas del mantón de grana     que de novios yo te regalé?
    —Sí me acuerdo del mantón de grana     y de varios regalos también.
    —¿No te acuerdas del espejo plata     donde yo tu retrato metí?
    —Sí me acuerdo del espejo plata     donde yo tu retrato metí.
    —¿Dónde está el pañuelo de seda     que desde África yo te mandé?
    Ya que me has olvidado, Rosina,     el pañuelo devuélvemele. 
    —Sí que es cierto que yo te he olvidado     y mis padres la culpa han tenido,
    que juraron darme la muerte     si seguía tratando contigo.
    —Si tus padres la culpa han tenido     y de muerte a ti te amenazaban,
    ellos van a purgar con la vida     y también tú, Rosina Encarnada.
    —Si tú gastas puñal de dos filos     y la muerte me vienes a dar,
    matarás una fiel criatura     que en mi vientre inocente está.
    —Yo no mato una fiel criatura,     que es un ángel que vive inocente.
    Cuando nazca y en el mundo viva,     (y) a ti sola te daré la muerte—.
    A los quince días salió a misa,     y su novio al encuentro salió:
    —Buenos días, Rosina Encarnada,     (y) ahora vengo a lograr mi intención.
    —Si tú gastas puñal de dos filos     y la muerte me vienes a dar,
    mira, mira, que luego vas preso     con la Guardia Civil ahí detrás.
    —Yo no siento que me lleven preso—.     Y, al momento, rápido sacó
    un terrible puñal de dos filos,     que en su pecho diez veces clavó.
    —Me has pagado, Rosina Encarnada,     el estarme engañando dos años.
    Si las culpas tuvieron tus padres,     tú solita por ello has purgado—.
     
    [Com.:
    Recopilador: —Y…, y, ¿se acuerda del nombre de alguno de los ciegos que venían o no?
    Evarista: —No.
    Recopilador: —¿Venían de…?
    Evarista: —Venían, sí, con un lazarico.
    Recopilador: —Pero, ¿qué instrumento tocaban?
    Evarista: —Tocaban una bandurria.
    Recopilador: —¿Bandurria?
    Informante 2: —Un violín, un violín.
    Evarista: —Un violín, esto…
    Informante 2: —Mucho violín.
    Recopilador: —¿No sería el tío Basilio, no?
    Evarista: —Y otro… Yo no lo sé esto. Y otro también de un ciego, venía yo | Entonces ya me había yo casao cuando vino esa copla. O sea que… Hace que me he casao yo cincuenta y seis años y, de recién casada, vino esa copla, esa otra copla de | Es otra copla, ¡que era copla!, de santa Rosina Encarnada.
    Recopilador: —¡Ah!, ¿“Ya venimos de la guerra de África”?, ¿“Ya venimos de la guerra de África”?
    Evarista: —No, esta es…
    Recopilador: —“…porque todo lo trae…”
    Evarista: —No, esta es:]