La tortilla del teniente

Referencia: 
0952r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Amalia Gómez
  3. Edad del informante: 
    72
  4. Localidad: 
    La Overuela
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 1 Enero, 1977
  8. Notas: 

    En esta versión, el inicio de los segundos hemistiquios de los versos pares se repite de acuerdo al siguiente esquema: "A comprar un par, a comprar un par de huevos".

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00005A 21).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "El ranchero y los huevos".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

    Otros datos de la informante:

    Amalia Gómez nació en La Overuela y reside en Valladolid. Su padre era molinero de San Román de Hornija. Vivió también en Arrabal de Portillo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0763

    Fuentes primarias
    ​Atero Burgos (2003: n.º 99); Piñero Ramírez (1996: n.º 96).

  10. Resumen: 

    Un militar acude a la plaza para comprar un par de huevos para la cena de su superior. Se los mete en el bolsillo y se recuesta sobre un banco o un árbol, quedando dormido al momento. Cuando despierta, descubre con estupefacción que los huevos están rotos. Comienza a lamentarse y la patrona le pregunta por el motivo de su desasosiego. El muchacho responde que ha hecho una tortilla sin aceite ni sartén. Se presenta ante el teniente, que se interesa por los huevos. El ranchero le contesta que se le han cascado o le muestra las cáscaras. El teniene lo arresta para que tenga más cuidado la próxima vez o le entrega dinero por lo humorístico de la situación.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.7. Burlescos
  3. ¶: 
    Voy a explicarles, señores,     la tonada de un ranchero
    que ayer tarde fue a la plaza     a comprar un par de huevos.
    Les ha metido en el bolso     sin hacer aprecio de ellos
    y se ha recostado en un banco,     quedó roncando y durmiendo.
    Y luego que despertó     llenito de confusiones,
    ha echado mano al bolsillo     y ha sacao los cascarones.
    ―¿Cómo lo hago yo, Dios mío,     para mi teniente luego,
    cuando diga: “Periquito,     cómprame ese par de huevos”?
    ―Los dos huevos que ayer tarde     compré en la plaza a una niña,
    sin sartén y sin aceite     se me han hecho una tortilla.
    ―Para que tengas aprecio     y un poco de más cuidado,
    te vas a ir al cuartel     por tres meses arrestado―.
    Tan arrestado me fui,     que a un oficial me agregué,
    que me sacara de allí     por los huevos que quebré.