La mala suegra

Referencia: 
1116r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Purificación Pérez Bueno
  3. Edad del informante: 
    47
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    Títulos alternativos: "La suegra perversa", "Manuelita", "Doña Albela", "Doña Albora", "Doña Arbola".

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0153

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: pp. 98-99)

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 16); Armistead (1978: P2 [L4]); Atero Burgos (2003: n.º 37); Checa Beltrán (2005: n.º 13); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 9 y 10); Piñero Ramírez (1996: n.º 37); Piñero Ramírez (2004: n.º 32); Piñero Ramírez (2014: n.º 32 y 33).

    Estudios
    KIORIDIS, I. (2015). La suegra «mata» a la nuera: dos ejemplos del motivo en las baladas tradicionales griegas y en el romancero, Atalaya [En ligne], 15. URL: <http://atalaya.revues.org/1683>; SORIANO LÁZARO, E. (1981). El romance de la mala suegra recogido en Mezquita de Loscos, Kalathos, I, 179-182.

  10. Resumen: 

    Una mujer que vive en casa de su suegra comienza a sentir los dolores del parto y se lamenta de no tener cerca a sus padres. La suegra escucha sus quejas e insta a la nuera a que se marche, con la promesa de que ella se ocupará de atender al hijo-esposo cuando regrese a la casa. Cuando este llega, la madre-suegra le dice que su nuera se ha portado con ella de un modo insultante. El marido sale en busca de la mujer y, pese a estar recién parida, le obliga a que monte a caballo para regresar a casa de la suegra. Cuando están en camino, ella se desangra y él la mata instigado por las quejas escuchadas a su madre. De forma milagrosa, el niño recién nacido comienza a hablar y culpabiliza del asesinato de su madre al padre y a la abuela.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.4. Rupturas familiares: la mala suegra
  3. ¶: 
    Carmela se paseaba     por una sala hacia alante,
    con los dolores de parto,    que el corazón se le parte.
    /………………………………/………………………………/
    Su suegra, que oye esto,     con uído de escucharle:
    —Coge, Carmela, la ropa     y te vas casa’e tu madre.
    (Y) a la noche viene Pedro,     yo le daré de cenar,
    la daré la ropa limpia     para el domingo mudar—.
    Y a la noche viene Pedro:     —¿Mi Carmela dónde está?
    —Tu Carmela ya se ha ido,     que me ha tratado muy mal;
    me ha tratado de embustera     (y) hasta que no ha podío más.
    —Madre, si es eso verdad,     me la tiene que pagar—.
    Monta Pedro en su caballo     y su criado delante
    y, a la entrá por la ciudad,     se ha encontrao con la comadre:
    —Buenos días tenga, don Pedro,     ya tenemos otro infante,
    buenos días tenga, don Pedro.     —Vaya usted con Dios, comadre.
    —Levántate de ahí, Carmela.     —No me seas ignorante,
    que con dos horas parida,     no hay mujer que se levante.
    Criados y más criados     y estáis sirviendo a mi padre,
    traedme una vela encendida     para poder levantarme—.
    Monta Pedro en su caballo     y su Carmela delante.
    Siete leguas lleva andadas,     ni uno ni otro sin hablarse:
    —Parece que no me hablas.     —¿Cómo quieres que te hable,
    si los pechos del caballo     van bañaditos en sangre?
    Pedro, remonta el cañón     y déjame en este valle,
    déjame en este valle     con Jesús y con su madre.
    Y, a la entrá por la ciudad,     las campanas redoblaban:
    —¿Quién se ha muerto, quién se ha muerto?     —La condesa de Olivara.
    —No se ha muerto, no se ha muerto,     que la ha matado mi padre,
    por un falso testimonio     que lo ha movido su madre.
    —(Y) ¡Ay, Jesús, qué ángel este!     Que un niño de dos horas hable.
    —(Y) en el infierno hay dos sillas     para mi abuela y mi padre
    y, en la gloria hay otras dos,     para mí y para mi madre.