La leñadora y el señorito

Referencia: 
1190r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Evarista Pajares
  3. Edad del informante: 
    76
  4. Localidad: 
    Abastas
  5. Provincia: 
    Palencia, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 1 Enero, 1981
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00008 13)

    Título indicado en las anotaciones de campo: "La zagala requebrada".

    Algunos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Cancionero de Palencia, t. I. de J. Díaz.

    Otros datos de la informante:

    Aunque Evarista es natural de Abastas, en el momento de la grabación residía en Añoza (Palencia).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.8. Galanteos y burlas amorosas
  3. ¶: 
    (Y) estando yo en mi rebaño,     se acercó a mí un señorito,
    diciéndome mil halagos,     de esta manera me dijo:
    —Zagalita de mi vida,     de amor me muero por ti.
    Vente conmigo a mi casa     y serás siempre feliz—.
    Yo le dije al señorito,     yo le contesté al señor:
    —Mi oficio no le desprecio,     que soy hija de un pastor,
    y entre ovejas he nacido     y entre ovejas me he criado,
    y en albarcas siempre he ido,     corriendo montes y prados.
    —¡Ay, zagala,     zagala, zagala,
    tienes unos ojos negros    que a mí me entusiasman!
    Tienes un mirar tan dulce     y una risa encantadora,
    que debajo de las nubes     para mi gusto no hay otra.
    ¡Ay, zagala,     zagala, zagala,
    me importa muy poco     que gastes albarcas!
    Serás servida de damas     y apreciada de mis padres,
    y , anque eres la zagalilla,     no lo ha de saberlo nadie.
    Yo te llevaré a un colegio     para que aprendas a hablar
    y, tomando mis consejos,     tendrás la felicidad.
    ¡Ay, zagala,     zagala, zagala,
    me importa muy poco     que gastes albarcas!
    Yo que ti te digo,     zagalita hermosa,
    ningún zagal     que atiente a tu ropa.
    Por donde quiera que vayas,     quiero seguir yo tus pasos
    y, si estás enamorada,     no me tengas engañado—.
    Yo le dije al señorito     que no estaba enamorada,
    pero que mi cuerpecito     para él no se criaba. [Com.]
     
    [Com.:
    Recopilador: —Esta, ¿cuándo la aprendió? ¿En dónde…?
    Evarista: —¡Uy! Tenía yo, pues… catorce años.
    Recopilador: —¿Catorce años? Pero, ¿a quién se lo oyó cantar esta…?
    Evarista: —Pues, venía en coplas.
    Recopilador: —¡Ah, venía en coplas!
    Evarista: —Venía en coplas.
    Recopilador: —Sí, ¿y pasaban por aquí algún ciego o…?
    Evarista: —Sí, venían ciegos. Yo las aprendía de los ciegos. Yo no sé leer ni escribir, pero los cánticos los cogía al vuelo.]