La condesita

Referencia: 
0568r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Herminia López Viñolo
  3. Edad del informante: 
    39
  4. Localidad: 
    La Herradura de Albuñol
  5. Provincia: 
    Granada, España
  6. Recopilador: 
    Antonia Fernández Ormeño y Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Viernes, 19 Enero, 1979
  8. Notas: 

    Repite el v. 16.

    Se produce confusión de /r/, /l/  en posición implosiva, aspiración de -s, ceceo y, en ocasiones, seseo.

    La canción se recogió en Madrid, donde estaba hospitalizada la informante.

    Sobre ésta y otras canciones manifiesta: "Nos juntamos en rueda, nos juntamos así en pelaeros de maíz, en panizos, y nos poníamos a…, a hacer un corro, así como estamos ahora aquí, y nos echábamos las…, las…, las… el maíz, las panochas, en la falda,  y nos poníamos a cantar El carcelero me ronda, La molinera, todas…, todas estas que… ǀ Y cuando cantábamos en el campo, pues a… Los cortijeros…, Los cortijeros, Los merceores… ǀ A la parva, nos poníamos también a la trilla, a trillar, y nos poníamos a la… ǀ Cuando éramos niñas, pues cantábamos a la rueda, la rueda de Matarí, lerí, lerile, En el fondo del mar están las llaves, to eso…, luego también…, pues… ésa, ¿cómo se llama?,  la del… Jardinera, tú que entrastes en el jardín del amor, de las flores que regastes dime cuála es la mejor".

    Ocupación y otros datos de la informante:

    La informante está casada y tiene seis hijos. Nació en La Herradura de Albuñol (Granada) y vive en San Agustín (Almería). Solo escribe su nombre, y apenas lee. Se dedica a las faenas del campo y de la casa.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0110

    Fuentes primarias:
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  10. Resumen: 

    Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.6. La familia reconstituida
  3. ¶: 
    Se ha descubierto una guerra,     Francia contra Portugal;
    conde Flores es mi novio,    lo llaman pa general.
    Ya pasan catorce años,      conde Flores no volvió;  
    y estando un día en la mesa,     su padre le suplicó:
    —¿Por qué no te casas, hija,     por qué no te casas ya?
    —Padre, yo pronto me caso,     mi novio en España está.—
    Se vistió de pelegrina,     pa Barcelona se va;
    ha encontrado unos caballos,     y unos caballos [¿meollar?].
    —¿De quién son estos caballos     que tan alegantes van?
    —Son del conde Villaflores,     mañana se va a casar.
    —Toma esta plancha de oro     y llevarme a su portal;
    le pideré una limosna,     por si me la quiere dar.—
    —Caballero, una limosna,     se lo pido de favor.—
    Se metió mano al bolsillo     y una peseta le dio.
    —Gerineldo, esto es muy poco,     pa lo que acostumbras dar.
    —¿Quién será esta pelegrina,     que a mí me conocerá?
    —Fíjate en estos pendientes,     las cuentas de mi collar,
    y afíjate poco a poco,     algo te arrecordará.
    ¿Te acuerdas de los amores     que tenías por allá?—
    Se besaron, se abrazaron,     se volvieron a besar.  
    La novia que estaba enfrente,     del barcón se fue a tirar.
    —Si te tiras, que te mates,     a mí no me se da na,
    que los primeros amores     son muy duros de olviar.