La condesita

Referencia: 
1077r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Julia Campo Escolar
  3. Edad del informante: 
    78
  4. Localidad: 
    Campaspero
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Oroncio Javier García Campo
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 1 Enero, 1977
  8. Notas: 

    Esta versión tiene acompañamiento de guitarra.

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00006A 06).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Don Bueso".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0110

    Fuentes primarias:
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  10. Resumen: 

    Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.6. La familia reconstituida
  3. ¶: 
    —Dice que te vas, te vas     de capitán general.
    —Quien te ha dicho esa palabra     te ha dicho la gran verdad.
    Quédate con Dios, condesa,     con Dios te puedes quedar.
    Si a los siete años no vuelvo,     condesa, te pues casar—.
    Han cumplido los siete años     y para los ocho va.
    Un día, al salir de misa,     (y) a casa sus padres va:
    —Écheme la bendición,     que al conde voy a buscar.
    —La bendición de Dios padre,     la de Dios te alcance más—.
    Tenía zapato raso,     se le puso cordobán;
    tenía basquiña seda,     se la puso de sayal;
    y un cordón de esclavelina     para poder navegar.
    Ha andado cincuenta leguas     sin hallar ningún lugar
    y al revolver una esquina,     vio un castillito asomar.
    —Si el castillo es de moros,     allí me han de cautivar;
    si el castillo es de cristianos,     allí me han de dar el pan—.
    Siete vueltas dio al castillo     sin hallar por donde entrar
    y, al revolver una esquina,     vio un pajecito asomar.
    —Pajecito, pajecito,     no me niegues la verdad:
    ¿de quién son esos caballos     que viene usted de pastar?
    —Son del conde de Osuna;     mañana se va a casar.
    Ya tiene las carnes muertas     y allá fue a cocer el pan.
    —Calla, calla, pajecito,     haz el favor de callar—.
    Que, a mitad de la escalera,     con el conde me di a hallar:
    —Una limosna, por Dios,     que Dios se lo pagará—.
    Echa mano al bolsillo,     de limosna saca un real.
    —Para un hombre tan grande,     poca limosna es un real.
    Muy poca limosna es esa     pa lo que solías dar.
    —¿De dónde es la peregrina,     tan ronco tiene el hablar?
    —Soy de Castilla la Vieja,     entre Francia y Portugal.
    —¿Qué se oye por allí,     qué se oye por allá?
    —¿Qué quiere usted que se oiga?     Poco bien y mucho mal:
    que has dejado a la condesa     y te has venido aquí a casar—.
    Al oír esa palabra,     el conde cayó hacia atrás.
    Ni con agua ni con vino     le hacían resucitar,
    solo con palabras dulces     que la condesa le da.
    Ya se ha levantado el conde     y será para marchar:
    —La primera es la que vale,     la segunda no valdrá.