La condesita

Referencia: 
0964r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juana Díaz Herrera
  3. Edad del informante: 
    82
  4. Localidad: 
    Alcolea de Calatrava
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María Paz Tapiador Plaza, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Viernes, 21 Enero, 1983
  8. Bibliografía: 

    IGRH: 0110

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 79-80).

    Fuentes primarias:
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  9. Resumen: 

    Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.6. La familia reconstituida
  3. ¶: 
    Ya se publican las guerras,     se vuelven a publicar,
    y al rey-conde se lo llevan     por capitán general.
    [Com. 1: Y le dice:]
    —A los siete años no vengo,     princesa, te pues casar—.
    Ya se pasan los siete años     para ocho caminar,
    y un día estando comiendo     su padre le empez’ a hablar:
    —Princesa, ¿tú no te casas     ni te pretendes casar?
    —Padre, no me digas eso,     padre, no me digas tal,
    que tengo carta en mi pecho     que el rey-conde vivo está.
    ¿Si tú me das la licencia     para irle a buscar?
    —De mí tienes la licencia     y de Dios la libertad.
    Ponte un vestido de seda;     encima, ponte un sayal
    y veste de pueblo en pueblo,     ves de ciudad en ciudad—.
    A la orillita del río,     a la orillita del mar,
    se encuentra cuatro caballos     que llevan a pasear.
    —¿De quién son esos caballos     que lleváis a pasear?
    —Del rey-conde son, señora,     que está mandado esposar.
    [Com. 2: Dice:]
    —¿Está muy largo ese pueblo?     —Una legua, poco más.
    No preguntes por Gijón     ni tampoco por Gibaltar,
    vaya al palacio del rey,     que allí se lo encontrará—.
    [Com. 3: Al llegar se encuentra al capitán general y le dice:]
    —¿Me da usted una limosnita,     por Dios y por caridad,
    que vengo de las Italias,     traigo poco que gastar?
     —Si vienes de las Italias,     trairás mucho que contar;
    ¿si se casa la princesa     o se pretende casar?—.
    Se ha echado mano al bolsillo     y dos reales le ha ido dar.
    —¡Qué poca limosna es esta     para la que solías dar!
    [Com. 4: Dice:]
    Ni se casa la princesa,     ni se pretende casar,
    ni tiene ningún hijo     por medio aquellos de por allá,
    que aquí la tienes, rey-conde,      pa lo que quieras mandar—.
    [Com. 5: Salió su mujer muy triste y muy asombrá, y dice:]
    —¿Tú eres mujer del demonio     o lo has venido a inventar?
    —Ni soy mujer del demonio,     ni lo he venido a inventar,
    que el rey-conde es mi marido     y me le vengo a llevar.