La condesita

Referencia: 
0183r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Manolita Navidad Gómez
  3. Edad del informante: 
    88
  4. Localidad: 
    Albanchez de Mágina
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Ana Josefa Navidad Vidal y Ana María Vidal Quesada
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 16 Enero, 2016
  8. Notas: 

    En esta versión, la informante repite el segundo verso.

    Ocupación y otros datos de la informante:
    Ocupación: labores domésticas
    Nota biográfica: La informante nació y se crió en Albanchez de Mágina. Después de casarse, vivió durante cinco años en un cortijo del término de Mancha Real, y posteriormente se trasladó a Pamplona, donde trabajó como asistenta de hogar durante veinte años. Finalmente, regresó a su pueblo natal, donde se ha dedicado a las tareas de la casa.
     

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0110

    Fuentes primarias:
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).
     

  10. Resumen: 

    Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.6. La familia reconstituida
  3. ¶: 

    Cuando empezaba la guerra     de Francia y de Portugal,
    llamaron  al conde Flores     de capitán general.
    La condesa, que lo supo,     no paraba de llorar:
    ―¿Para cuántos años, conde?     ¿Para cuántos años vas?
    ―Para siete, mi condesa,     para ocho nada más.
    Si a los ocho no he venido,     condesa, te casarás―.
    Pasa uno, pasan dos,     camino de nueve va.
    Un día sentá a la mesa,     su padre le quiso hablar.
    ―¿Por qué no te casas, hija?     ¿Por qué no te casas ya?
    ―Padre, no me siga eso.     Padre, no me diga na.
    Tengo un escrito en mi pecho,     que mi conde vivo está,
    si usted me da su licencia     para irle yo a buscar.
    ―Mi licencia ya la tienes,     la de Dios te falta ya―.
    Se viste de peregrina     y se pone a caminar.
    De día por los caminos,     de noche en ciudad en ciudad.
    Y en la mitad del camino,     ¡con quién se vino a encontrar!
    Dos caballitos blancos     que venían a ensillar.
    ―¿De quién son esos caballos?     ¿De quién son, de quién serán?
    ―Señora, del conde Flores,     que tal día ha de casar.
    ―Toma este doblón de oro     y llévame donde está.
    ―Señora, está en el palacio     de capitán general―.
    Y al entrar por la ciudad,     ¡con quién se vino a encontrar!
    Con el condecito Flores,     que ya marchaba a casar.
    ―Conde, dame una limosna,     que Dios me la puede dar.
    Que vengo de las Italias,     de Francia y de Portugal.
    ―Si vienes de las Italias,     de Francia y de Portugal,
    una condesa que había.     ¿Es muerta o es casada?
    ―Dime conde, si la vieras,     ¿en que la conocerás?
    ―En el rostro de su cara     y en su pechito un lunar.
    ―El rostro ya se me ha ido,     sólo me queda el lunar―.
    ―Váyanse las peregrinas     que han venido a estorbar.
    ¡Calla usted, señora, un poco!     Calla usted un poquito más,
    que si sus padres son condes,     los míos son mucho más.
    La carne que haya muerta     a los pobres se las das,
    que me voy con mi condesa,     que me ha venido a buscar,
    que los primeros amores     no se pueden olvidar.