La bastarda y el segador

Referencia: 
1507r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Elena Ruiz y otras informantes
  3. Edad del informante: 
    45 y sin datos
  4. Localidad: 
    Jerez de la Frontera (Campiña de Jerez)
  5. Provincia: 
    Cádiz, España
  6. Recopilador: 
    María Jesús Ruiz Fernández
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 9 Septiembre, 1985
  8. Notas: 

    En esta versión, se repiten todos los hemistiquios. La primera vez que canta el hemistiquio 5a, la informante pronuncia: "¿Qué quieren, mis segadores?". Al repetir el último hemistiquio, la informante canta: "del segador que segaba".

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0161

    Fuentes primarias
    Atero Burgos (2003: n.º 12); Checa Beltrán (2005: n.º 5); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 44); Piñero Ramírez (1996: n.º 13); Piñero Ramírez (2004: n.º 10); Piñero Ramírez (2014: n.º 12).

  10. Resumen: 

    Una dama bastarda que desprecia a sus pretendientes nobles se asoma a una ventana y ve a tres segadores, quedando enamorada de uno de ellos, que en algunas versiones va ricamente ataviado. Le pide a su criada que mande llamar al segador. Ella se le insinúa y, aunque en un principio él se niega, al final accede a sus deseos a cambio de una suculenta paga. En otras versiones, la dama, que está encerrada en un convento en contra de su voluntad, se asoma a la ventana de su celda, desde donde se dirige directamente al segador. Una vez el segador ha cumplido su trabajo, la mujer le ofrece una gran suma de dinero envuelta en un rico pañuelo de holanda y le pide que vuelva al día siguiente. Sin embargo, esa misma mañana las campanas repican por la muerte del segador, que ha fallecido extenuado. En otras versiones, el padre de la dama los sorprende en la cama, por lo que el segador se ve obligado a huir por la ventana. La dama le arroja el dinero envuelto en un pañuelo.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.1. La conquista amorosa: cortejo, seducción, rapto
  3. ¶: 
    Salieron tres segadores     a segar fuera de casa;
    pasean por cierto pueblo,     se pasean por la plaza.
    Una dama en un balcón     del segador quea prendada
    y lo ha mandado llamar     con una de sus criadas.
    —¿Qué quiere, mi segador?     ―¿Qué me quiere, qué me manda?
    —Quiero que me siegue usted     una poca de cebada.
    —Esa cebada, señora,     ¿dónde la tiene sembrada?
    —No está en alto ni está en bajo,     ni está en cerro ni en cañada;
    está en medio dos columnas    que las separa mi alma.
    —Esa cebada, señora,    no está para yo segarla,
    que es pa duques o marqueses     o pa el dueño de la casa.
    —Siégala usted, segador,     que para usted está sembrada―.
    El padre, al oír eso:      ―Dime, niña, con quién hablas.
    ―¿Con quién quiere usted que hable?     Con una de mis criadas―.
    Se acostaron a la una     y a las doce se alevantan.
    Le ha dado dos mil doblones     y un pañolito de holanda.
    Al otro día siguiente,     las campanas le doblaban.
    ―¿Quién se ha muerto, quién se ha muerto?     ―El segador que segaba.
    ―No se ha muerto, no se ha muerto,     que lo ha matado una dama―.
    El dinero, pa’l entierro,     y el pañuelo, pa la cara.
    Aquí se acaba la historia     del segador que sembraba.