José Portelán

Referencia: 
1104r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Pilar Hernando Pascual
  3. Edad del informante: 
    69
  4. Localidad: 
    Campaspero
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Félix Pérez y José Antonio Ortega
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 1 Enero, 1977
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00006A 18).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "José Portelán".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

    En esta versión, se repiten todos los versos pares hasta el 34. A partir de ese ahí, se repiten los versos 37, 47, 51, 57 y 61. Al repetir el verso 26, se introduce la variante: "[¿desgraciadita?] la deja el traidor".

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.3.4. Crímenes intrafamiliares
  3. ¶: 
    En la gran capital catalana     (y) habitaba José Portelán.
    Con su esposa seis hijos tenía,     todos ellos de temprana edad.
    Pero el vicio fatal entregado     en su mente falaz consiguió
    una idea que el padre malvado     de este modo a su esposa le habló:
    —Mira, Julia, yo tengo pensado,     para mis vicios poder soportar,
    una idea que si no otorgaras,     te daría la muerte fatal.
    Como sabes que fui practicante,     ahora tengo la gran ocasión
    de cortarle las piernas y brazos     a los hijos de mi corazón.
    —Calla, infame, —la pobre le dice—     criminal de duro corazón,
    antes mueren tus manos, malvado,     que lograr tu maldita traición—.
    El infame asesina al momento,     esgrimiendo un terrible puñal;
    a su esposa la da triste muerte,     sin tener de la pobre piedad
    y, después, la desfoga de ropas     y con cal el cadáver tapó
    y así, libre se queda el tirano     y dilata la huella el traidor.
    Pero, apenas el alba preciosa     con sus rayos la tierra alumbró,
    mientras duerme y descansa el tirano,     se levanta la hija mayor.
    Penetrando en el cuarto del padre,     le despierta con dulce besar
    y le dice con voz temblorosa:     —¿Dónde está mi querida mamá?
    —Tu mamá, hija mía del alma,     ayer tarde de casa salió
    y, al llegar a la plaza del Carmen,     de un ataque la pobre murió.
    Con que tú, hija mía del alma,     me tendrás que lavar y coser;
    nos harás la comida, hija mía,     y verás cuánto te he de querer—.
    Por fin llega la noche, y María     a su dulce dormir se entregó
    sin pensar que a sus pobres hermanos     el momento fatal les llegó.
    A uno corta un brazo y una pierna,     y al mayor las dos piernas cortó
    y, a la niña menor, que es Teresa,     [¿pierdecita?] la quedó el traidor.
    Cuando ya se encontraban curados,     por las calles les mandó salir,
    para que le dieren de comer al fiero     y poder placentero él vivir.
    Pero un día en que Enrique y Teresa salieron     por las calles de la capital,
    del bolsillo perdieron las perras     que sacaron en la población.
    Cuando llegan a casa los niños     y dijeron al padre infernal:
    —El dinero se nos ha perdido,     tenga, tenga por Dios caridad.
    [Com. 1: Y luego, cogió a los niños y les mató. Les…, les…, les…, los…, los…, los | A la chica mayor solamente. Luego, los me-…, los…, los quemó con cal, les quemó con cal. Les metió en un horno y les quemó…, les quemó con cal.]
    Pero, viendo aquel cuadro María,     que su padre dilatando está,
    con cuidado se salió a la calle     y dilata a su padre el traidor.
    [Com. 2: Y decía ella:]
    —No me mate, por Dios, padre mío,     que le juro que nada he de hablar—.
    Pero, viendo aquel cuadro María,     que su padre dilatando está,
    con cuidado se salió a la calle     y dilata a su padre el traidor.
    Todo el cuadro cuenta a una vecina     y, enseguida a los guardias llamó
    y, enseguida al padre apresaron,     ……………………………[ Com. 3]
    Estando en el juzgado,      dice el padre a María:
    —Declara, hija mía     y ten piedad de mí.
    Mira, hija, que es muy triste     que siendo yo inucente,
    pague severamente     esta infame crueldad.
    —¡Oh, calla, padre infame!     No niegues tu delito
    porque usted fue el maldito     que a mi madre mató.
    ¿Recuerda la mañana     que triste vi la estrella
    y, por llorar por ella,     usted me maltrató?
    ¿Recuerda aquella noche     que a mis pobres hermanos
    tus criminales manos     inútiles quedó?
    Yo, al verte ensangrentado,     de miedo yo lloraba,
    pero te suplicaba     que tuvieras piedad.
    Me da pena y vergüenza     el decir que eres mi padre,
    y por mi pobre madre     siempre yo lloraré.
    Pero por ti, asesino,     que mi honor has manchado,
    a tu nombre, malvado,     siempre maldeciré.
    Tan solo por dos reales     que los pobres perdieron,
    (y) en las llamas murieron     sin tenerles piedad.
    No pienses en tus hijos     porque ya está aclarado
    este crimen malvado.     Ahora le vas a pagar.
    No pienses en tus hijos,     que todos te odiaremos
    (y) al pensar que tenemos     sangre de un criminal.
     
     
    [ Com. 3: Y no sé decirte. No me acuerdo. Y, luego está ahora | Ahora es: ]