Gerineldo + La condesita

Referencia: 
1118r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Joaquina Rodríguez Cazalilla
  3. Edad del informante: 
    57
  4. Localidad: 
    Torredonjimeno
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Juan Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    En esta versión, se repiten los versos 4, 30, 39 y final.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023+0110

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: 63-65)

    Fuentes primarias de "Gerineldo"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Fuentes primarias de "La condesita"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Girineldito apulido,
    ¡quién te pudiera pillar     tres horas en mi sabatido.
    —Como soy vuestro criado,     os queréis burlar conmigo,
    —No es burlarse, Gerineldo,     que de veras te lo digo—.
    Tres vueltas le da al palacio     y otras tres le da al castillo,
    con zapatitos de seda     (y) al cuarto la infanta ha ido,
    con zapatitos de seda     para no ser descubrido.
    Y, a las doce de la noche,     pide el ray su vestido:
    —¿Dónde estará Gerineldo?     Pienso que no me ha sentido—.
    Unos dicen que no está     y otros dicen: “no lo he visto”
    y, el ray, que nada ignora,     (y) al cuarto la infanta ha ido,
    y se los encuentra a los dos     como mujer y marido.
    —Si mato a mi hija infanta,     tengo mi reino perdido
    y, si mato a Gerineldo,     le he criado desde niño;
    les pondré la espada en medio,     que les sirva de testigo.
    Y, a lo frío de la espada,     la princesa da un suspiro:
    —Levántate, Gerineldo,     que semos los dos perdidos,
    que la espada de mi padre     (y) entre nosotros ha dormido.
    —¿Por dónde me iré yo     para no ser descubrido?
    —Márchate por el jardín,     cogiendo rosas y lirios.
    Si te pregunta mi padre,     haces como no me has visto—.
    Y el padre, que está en acecho,     (y) se ha hecho el contradizo:
    —¿Dónde vas tú, Gerineldo,     tan triste y tan amarillo?
    La fraganta de una rosa     tu color se lo ha comido.
    No me debes de negar     que con mi hija has dormido.
    —Mátame usted, señor conde,     que yo merezco castigo.
    —No te mato, Gerineldo,     te he criado desde niño.
    Para mañana a esta hora,     (y) he de buscar los padrinos.
    —Tengo promesita hecha     de la Virgen de la Estrella
    que mujer que sea mi dama     de no casarme con ella—.
    Y el ray ha echado un bando     de Sevilla y Aragón,
    que tiene que ir Gerineldo     (y) a cumplir con su obligación.
    La niña, al oír aquello,     (y) al cuarto se entra a llorar:
    —No llores, princesa guapa,     no llores, princesa, más.
    Si a los siete años no vengo,      niña, te puedes casar—.
    Pasan uno, pasan dos,     los siete años pasaron.
    Pidió permiso a su padre     para salir a buscarlo
    y el permiso tiene dado     y también la libertad.
    Se viste de marinera,     se va a la orilla del mar.
    —¿De quién es esa barca, niño,     con tanto oro y metal?
    —Es del conde Gerineldo;     mañana se va a casar.
    —Yo le daría un doblón     si me pone a su portal—.
    Gerineldo una limosna     (y) a la joven salió a dar:
    —¡Y ay, qué muchacha tan guapa!     ¡Y ay, qué niña tan salá!
    Si le parece a mi reina,     la de la tierra alejá.
    —Yo le parezco a tu reina,     delante me tienes ya.
    Gerineldo, mi marido,     (y) te he venido a buscar—.
    Los criados, oír aquello     y empezaron a gritar:
    —¡Ay, qué mujer tan ingrata     quien ha venido a intentar!
    —Gerineldo es mi marido     y me lo vengo a llevar.
    —El pan que tienes allí en masa     (y) a los pobres se lo das,
    que yo me voy con mi reina     (y) a mi tierra lejana.