Gerineldo + La condesita

Referencia: 
1110r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Francisca Juana Pérez Anguita
  3. Edad del informante: 
    Desconocida
  4. Localidad: 
    Villardompardo
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Domingo Jiménez Liébana
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    En esta versión, se repite el primer hemistiquio de los versos 2, 6, 11, 13, 15, 18, 20, 22, 24, 26, 29, 34, 38, 41 y 43.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023+0110

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: 61-63)

    Fuentes primarias de "Gerineldo"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Fuentes primarias de "La condesita"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te cogiera esta noche     tres horas en mi abajido!
    Empezaron a luchar     como mujer y marido
    y, a la fuerza de la lucha,     los dos quedaron dormidos.
    A las diez se acuesta el rey     y a las once está dormido
    y, esto de las once y media,      se marchó para el castillo.
    Se lo ha encontrado a los dos     como mujer y marido:
    —Meteré mi espada en medio     y que sirva de testigo—.
    Y, a lo frío del acero,     la princesa lo ha sentido:
    —Levántate, Gerineldo,     que somos los dos perdidos,
    que la espada de mi padre     (y) entre los dos ha dormido.          
    —¿Por dónde me voy yo ahora,     por dónde me voy, Dios mío?
    —Pues vete por esos prados,     cogiendo rosas y lirios.
    —¿Dónde marchas, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —La fragancia de una rosa     mi color me lo ha comido.
    Mátame usted, mi buen rey,     que yo me lo he merecido.
    —Ni te mato ni te riño,      ni te hago padecer;
    (y) en la semana que viene     seréis marido y mujer.
    —Pues yo tengo una promesa     de la Virgen de la Estrella,
    que mujer que yo gozara     de no casarme con ella—.
    Se ha polongrado la guerra     de Francia y Portugal,
    y al conde de Gerineldo     lo nombran de capitán.
    —Si a los siete años no vuelvo,     no me salgas a buscar.
    Han pasado siete años,     Gerineldo muerto está.
    [¿Portando?] un día en la mesa     la princesa y su papá:
    ―¿Por qué no te casas, hija?     Gerineldo muerto está.
    ―Tengo una carta en mi pecho;     Gerineldo vivo está.
    Si usted me diera licencia     para salir a buscar.
    —Hija mía de mi alma,     licencia la tienes dá—.
    Se vistió de pelegrino     para salir a buscar.
    Ha andado los siete reinos     de Francia y de Portugal
    y, a la salida del pueblo,     se ha encontrado una vacá:
    —¿De quién es este ganado     con tanta hierro y señal?
    —(Y) es del conde Gerineldo,     que se trata de casar—.
    La princesa, oír aquello,     y al suelo cayó mortal.
    Y el vaquero, como niño,     la ha ayudado a levantar:
    —Pues toma esta onza de oro     y me llevas donde está—.
    La ha cogido de la mano     y la deja en el zaguán.
    Ha pedido una limosna,     la criada se la da:
    —¡Ay, qué limosna tan chica     pa las que yo suelo dar!—.
    Y ha salido Gerineldo     y otra limosna le da:
    —Si pasas por Aragón,     tú a mi princesa verás.
    —No paso por Aragón,     que con tu princesa estás,
    y el niño que te dejastes     dice ya papá y mamá.