Gerineldo + La condesita

Referencia: 
0765r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Gregoria Escolar
  3. Edad del informante: 
    58
  4. Localidad: 
    Cogeces del Monte
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz y José Delfín Val
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 1 Enero, 1978
  8. Notas: 

    Archivo sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00001 04).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Gerineldo + La boda estorbada".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023+0110

    Fuentes primarias de "Gerineldo"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Fuentes primarias de "La condesita"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche    tres horas a mi albedrío
    y, después de las tres horas,     hasta que haya amanecido!
    —Como soy vuestro criado,     señora, os burláis conmigo.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    —¿A qué hora, mi gran señora,     volveré a lo prometido?
    —Entre las doce y la una     mis padres están dormidos,
    trae zapatito de seda     para no ser conocido—.
    Al subir por la escalera,     Gerineldo dio un suspiro.
    —¿Quién es ese arrestado,     quién es ese atrevido,
    quién es ese arrestado     que en mi cuarto se ha metido?
    —Soy Gerineldo, señora,     que vengo a lo prometido—.
    Se pusieron a luchar     como mujer y marido.
    Cansados de haber luchado,     ambos cayeron dormidos,
    y, a eso de salir el sol,     el rey busca los vestidos;
    pregunta por Gerineldo,     paje del rey más querido.
    Unos dicen: —No está en casa—,     otros dicen: —Ya se ha ido;
    y el rey por maginación     al cuarto la infanta ha ido;
    les ha encontrado a los dos     como mujer y marido.
    —Si mato a mi hija, la infanta,     se queda el reino perdido
    y si mato a Gerineldo,     no, que le crie desde niño.
    Pondré la espada por medio,     para que sirva de testigo—.
    Con el frío de la espada,     la dama ha despavorido:
    —Levántate, Gerineldo,     levántate, paje mío,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Dónde me iré?, ¡oh, gran señora!     ¿Adónde me iré, Dios mío?
    —Vete por esos jardines     a cortar rosas y lirios—.
    Se ha encontrado con el rey,     pálido y descolorido:
    — ¿De ande vienes, Gerineldo?     ¿De ande vienes, paje mío?
    —Vengo por estos jardines,     de cortar rosas y lirios—.
    Como se lo dijo en cifra,     el rey no lo ha comprendido:
    —No me niegues, Gerineldo,     no me niegues, paje mío;
    no me niegues, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    —Máteme, mi gran señor,     si delito he cometido.
    —No te mato, Gerineldo,     que te crie desde niño;
    solo os pondré a los dos     como mujer y marido.
    Ya se declara la guerra     en el reino Portugal
    y a Gerineldo le nombran     de capitán general.
    —¿Cuántos días, cuántos meses,     cuántos años tardarás?
    —Si a los siete años no vengo,     princesa, puedes casar—.
    Ya se pasan los siete años,     caminando para ocho van;
    y un día, puesta la mesa,     su padre la pregunta:
    —¿Cómo no te casas, hija?     ¿Cómo no te casas ya?
    —¿Cómo quiere que me case;     mi marido vivo está?
    Si usted me diera un vestido     para irle a buscar,
    ni se le pido de seda,     ni tampoco de percal,
    que se le pido de paño,     de esos que llaman sayal—.
    El padre se le concede     y ella a buscarle se va;
    pasó ríos, pasó puentes,     donde le vino a encontrar,
    a la orillita del río,     a la orillita del mar.
    —Dígame usted, paje mío,     dígame usted la verdad,
    ¿de quién son esos caballos     que saca usted a pasear?
    —De Gerineldo, señora,     mañana se va a casar;
    ya tiene muertas las reses,     ya tiene cocido el pan,
    tiene puesta confitura     y el vino comprado ya.
    —Si usted hiciera el favor     de venirme a enseñar.
    —Si se me van los caballos,     ¿quién me los irá a buscar?
    —Si se le van los caballos,     yo se les iré a buscar
    y, si hacen algún daño,     aquí estoy yo para pagar.
    —Suba usted la calle arriba     y, en la plazuela del pan,
    en los balcones más altos,     allí paseando está—.
    Le ha pedido una limosna,     y un real en plata la da.
    —¡Qué limosna tan pequeña     para tan grande caudal!,
    para en casa de mis padres,     que moneda de ocho dan.
    —¿De dónde es la romerilla     que al conde viene a buscar?
    —Soy de la ciudad de Roma,     ahora acabo de llegar.
    —¿Eres el diablo, romera,     pues me vienes a buscar?
    —No soy el diablo, romera,     soy tu mujer natural—.
    La otra, al oír esto,     un accidente la da
    y, en la calle la amargura,     allí tendidita está;
    y si no la han levantado,     ha estado y lo estará.