Gerineldo + La condesita

Referencia: 
0241r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Inés Guisado Rodríguez
  3. Edad del informante: 
    83
  4. Localidad: 
    El Porvenir (Fuente Obejuna)
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Alonso Fernández y Luis Moreno Moreno
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Junio, 2009
  8. Notas: 

    Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023+0110

    Fuentes primarias de "Gerineldo"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Fuentes primarias de "La condesita"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  10. Resumen: 

    Resumen de "Gerineldo": La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  11. Partitura: 
  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    ―Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¿quién estuviera esta noche     tres horas en tu albedrío?
    ―Como soy vuestro criado,      burlaros queréis conmigo.
    ―No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo―.
    Entre las doce y la una,      al cuarto de la infanta ha ido.
    Se liaron a jugar     como mujer y marido,
    dándose besos y abrazos,     se están quedando dormidos.
    Al otro día de mañana,     tres horas el sol salido,
    llama el rey a Gerineldo,     que le diera su vestido.
    Unos dicen: ―No está aquí,     otros dicen: ―Ya se ha ido―.
    Y el rey que se lo presume,     al encuentro le ha salido;
    se los ha encontrao durmiendo     como mujer y marido,
    ha desenvainao su espada     y entre los dos la ha metido.
    Con el frío del acero,     la infanta se ha conmovido.
    ―Despiértate, Gerineldo,     que ya somos descubridos,
    que la espada de mi padre       entre los ha dormido.
    ―Máteme usted, gran señor,     si un delito he cometido.
    ―¿Cómo quieres que te mate,     si te crié desde niño?
    Te pondremos mesa aparte     como mujer y marido.
    ―No lo permitan los cielos,     ni la Virgen de la Estrella,
    mujer que ha sido mi ama,     de yo casarme con ella.
    Se ha liado una guerra     entre Italia y Portugal
    y a Gerineldo lo nombran     de capitán general.

    Han pasado siete años     y la infanta ha dicho ya:
    ―Permiso te pido, padre,     para salirlo a buscar―. 
    Ha andado ya siete reinos,     no lo ha podido encontrar,
    y al subir un alto cerro     y al bajar una cañada,
    se ha encontrado un vaquerito     que guardaba una vacá.
    ―¿De quién es tanto ganado     de tanto hierro y señal?
    ―De mi amo Gerineldo,     que ya está para casar.
    ―Una limosna, por Dios,     que Dios se lo pagará,
    que vengo de las Italias.     ―Dime: lo que hay por allá.
    ―Tú bien que la has conocido,     tú bien las conocerás,
    el color de la cara se ha ido,     pero el lunar aquí está.
    ―Los pollos que están guisados     y los que están por guisar
    y la novia que tú tienes     soltera se quedará.