Gerineldo

Referencia: 
0584r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juliana García-Pardo Aguirre
  3. Edad del informante: 
    49
  4. Localidad: 
    Daimiel
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Ana Isabel Negrete García-Pardo, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 17 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    La informante indica que el título de este romance es Canción de Gerineldo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 239).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    ―Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche     dos horas en mi cuartito!―
    A la hora de la cita,     Gerineldo se ha vestido,
    con zapatillas de seda     para que no sea sentido.
    Tres vueltas le da al palacio,     tres vueltas le da al castillo,
    y en la reja de la infanta     ha dado un fuerte silbido.
    ―Ay, ¿quién ronda mi palacio?     Ay, ¿quién ronda mi castillo?
    ―Soy Gerineldo, señora,     que vengo a lo prometido―.
    Lo ha cogido de la mano     y en su alcoba lo ha metido;
    dándose besos y abrazos,     los dos quedaron dormidos.
    Y el rey que se lo sospecha,     al cuarto la infanta ha ido;
    los ha encontrado durmiendo     como mujer y marido.
    ―Y si mato a Gerineldo,     dicen que he matado a un niño;
    y si mato a la princesa,     mi reino queda perdido.
    Pondré mi espada por medio,     que me sirva de testigo,
    pa que no puedan negar     lo que mis ojos han visto.―
    A lo frío de la espada,     la niña se ha removido:
    ―Levántate, Gerineldo,     que estamos los dos perdidos,
    que la espada de mi padre     con nosotros ha dormido.
    ―¿Por dónde me voy yo ahora?     ¿Por dónde me voy, Dios mío?
    ―Vete por esos jardines     cogiendo rosas y lirios―.
    Y el rey que se lo sospecha,     al encuentro le ha salido:
    ―¿Dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    ―Vengo por esos jardines     cogiendo rosas y lirios,
    y el perfume de las flores     el color se lo han comido.
    ―Mientes, mientes, Gerineldo,     que con mi hija has dormido.
    ―Máteme usted, mi buen rey,     que he sido yo el atrevido.
    ―No te mato, Gerineldo,     que te crie desde niño;
    para mañana a estas horas     seráis mujer y marido.
    He hecho juramento al cielo     por el Cristo del Martillo,
    de no casarla con nadie     mientras no sea contigo.
    ―Tengo juramento hecho     por la Virgen de la Estrella,
    mujer que yo haya gozado     de no casarme con ella.