Gerineldo

Referencia: 
0528r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Eloísa Anaya Segundo
  3. Edad del informante: 
    64
  4. Localidad: 
    Alcoba
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 21 Agosto, 1978
  8. Notas: 

    La informante lo titula Gerineldo, Gerineldo, Gerineldito pulido y asegura que se cantaba en Nochebuena para pedir el aguinaldo. Se lo enseñó su padre cuando la informante tenía seis años.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Publicado en Anaya Flores (1986: pp. 112-115; música p. 169; y 2016: pp. 230-231).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    ―Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¿quién te pillara esta noche     dos horas a mi albeldrido?
    ―Como soy vuestro criado,     señora, os burláis conmigo.
    ―No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    ―¿A qué hora, gran señora,     se cumple lo prometido?
    ―A entre las doce y la una,     cuando el rey esté dormido.―
    Gerineldo se pasea     una legua de camino,
    con zapatillas de seda,     lo que nunca se había visto.
    Dio tres vueltas al palacio     y otras tres le dio al castillo     
    y por una ventana     ha dado un grande alsilbido.
    ―¿Quién ha sido ese tunante,     quién ha sido el atrevido?
    ―Soy Gerineldo, señora,      que vengo a lo prometido.―
    Empezaron a jugar     como si fueran dos niños;
    a eso de la medianoche     el sueño les ha rendido.
    A otro día por la mañana     se despierta el rey pulido
    y le llama a Gerineldo     que le suba los vestidos.
    Unos dicen: ―No está aquí.―     Otros dicen: ―Ha salido.―
    El rey que cayó en sospecha,     al cuarto la infanta ha ido;
    se los ha encontrado juntos     como mujer y marido.
    ―Si a mi infanta yo la mato,     dejo mi reino perdido;
    a Gerineldo no mato,     que le crie desde niño.
     /……………………/     Les pondré la espada en medio,
    para el día de mañana     que les sirva de testigo.
    ―Levántate, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    ―¿Adónde me meteré,      que yo no sea sosprendido?
    ―Márchate al jardín     a coger rosas y lirios.―
    El rey que ya lo sabía     al encuentro le ha salido:
    ―¿Dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    ―Vengo del jardín, señor,     de cortar rosas y lirios,
    y una rosita encarnada     mi color se le ha comido.
    ―No me niegues, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    no me niegues, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    ―No le niego, gran señor,     que con la infanta he dormido;
    no lo niego, mi señor,     ella me lo ha prometido.
    Y entonces yo soy la carne     y su majestá el cuchillo;
    corte por donde quisiere,     que su gustillo es el mío.
    ―Que echen a Gerineldo,     que le echen del castillo,
    o se case con la infanta     o que la busque marido.
    ―Tengo testamento hecho     con la Virgen de la Estrella,
    mujer que ha sido mi maja     de no casarme con ella.
    Tengo testamento hecho     con la Virgen del Pilar,
    mujer que ha sido mi maja     de no volverla a mirar.