Gerineldo

Referencia: 
1446r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Dolores Marín Vela
  3. Edad del informante: 
    78
  4. Localidad: 
    Santo Tomé (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano y Manuel Rodríguez Arévalo
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 9 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    La informante asegura que este romance se cantaba y que lo aprendió de las mujeres mayores del pueblo.

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la valiosa colaboración de Rosa Crespo Moreno, responsable del Centro de Adultos de Santo Tomé (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Dolores nació en Santo Tomé, donde ha residido siempre. Se ha dedicado a tareas agrícolas y domésticas. Sus padres también trabajaban en el campo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche     tres horas en mi castillo!
    —Por ser criado vuestro,     señora, os burláis de mí.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo—.
    A la una se acuesta el rey     y a las dos ya se ha dormido.
    Entre las dos y la una,     Gerineldo en el castillo,
    con zapatillas de seda     para no hacer mucho ruido.
    Empezaron a luchar     como mujer y marido.
    En medio de la luchada,     los dos quedaron dormidos.
    El rey, que está al acecho,     a su habitación ha ido;
    se los ha encontrado acostados     como mujer y marido.
    —Si mato a Gerineldo,     lo he criado desde niño,
    y si mato a mi hija,     es mi hija y no es debido.
    Pondré la espada por medio     pa que sirva de testigo—.
    Al frior de la espada,     la princesa dio un suspiro:
    —Levántate, Gerineldo,     (……………………………………)
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Por dónde me voy yo ahora?     ¿Por dónde me voy, Dios mío?
    —Vete por los jardines     cogiendo rosas y lirios—.
    El rey, que está al acecho,     a su encuentro ha salido:
    —¿De dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo por los jardines     cogiendo rosas y lirios.
    —No me engañes, Gerineldo,     con la princesa has dormido.
    —No lo engaño, señor rey,     que yo he sido el atrevido.