Gerineldo

Referencia: 
1168r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Paula Nevado Hidalgo
  3. Edad del informante: 
    62
  4. Localidad: 
    Los Pozuelos de Calatrava
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Pilar Muñoz, María Teresa Díez Buitrago, María Reyes Sarachaga Ramírez, María del Carmen Muñoz Mera, María Luisa Oliver Cerdán, pertenecientes al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 21 Noviembre, 1981
  8. Notas: 

    En esta versión,  se repiten los versos 2, 4, 9, 11b, 13, 18, 20, 22 y 24.

    Otros datos de la informante:

    Paula nació en Los Pozuelos de Calatrava y en el momento de la grabación residía en Ciudad Real desde hacía 30 años.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 237)

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche,     tres horas el sol salido!—.
    Da tres vueltas a palacio     y otras tantas a el castillo;
    viendo que no había nadie,     al cuarto la infanta ha ido.
    —Traición, traición a palacio.     ¿Quién ha sido el atrevido?
    —No se asuste usted, señora,     que es Gerineldo pulido,
    que entre las doce y la una     se cumple lo prometido—.
    Empezaron a jugar     como mujer y marido
    y, en medio de la refriega,     los dos quedaron vencidos.
    El rey llama a Gerineldo:     —Gerineldito pulido—.
    Unos solían contestarlo:     —No está Gerineldo herido—.
    El rey que estaba en sospecha     (y) al cuarto la infanta ha ido,
    y los ha pillao durmiendo     como mujer y marido.
    Ha tirado de la espada     y entre los dos la ha metido:
    —Para el día de mañana,     la espada sea testigo—.
    Al refriol de la espada,     la dama se ha sosprendido:
    —Levántate, Gerineldo,     que somos ya descubridos,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Dónde me iré, gran señora,     para no ser descubrido?
    —Vete al jardín de mis padres     a coger rosas y lirios.
    —Mátame, señor, mátame,     bien lo tengo merecido—.
    Ellos están en razones,     la infanta a su padre vino:
    —Rey señor, no le mates,     mas dale su merecido.
    ¡Ah, si lo quieres matar,     la muerte será conmigo!