Gerineldo

Referencia: 
1133r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Paula Jiménez López
  3. Edad del informante: 
    66
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán, Joaquina Checa Beltrán y Pilar Salanueva Mateo
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 28 Diciembre, 1980
  8. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: pp. 59-60)

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  9. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     jardinerito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche,     tres horas en mi agredío!
    —Como soy vuestro criado,     señora, os burláis conmigo.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    —Y, ¿a qué hora, gran princesa,     cumpliréis lo prometido?
    —Sobre las diez y las doce,     cuando el rey esté dormido.
    Traerás zapatos de seda     para que no seas sentido—.  
    A esto de media noche:     —¿Quién rondará mi castillo?
    —Es el conde Gerineldo—.     Pegó de la cama un blinco.
    Fue al cuarto de la princesa,     se lo ha encontrao acostadito,
    abrazaditos los dos     como mujer y marido.
    Puso su espada por medio:     —Tú servirás de testigo—.
    Gerineldo ha despertado,     tres horas el sol salido,
    y le ha dicho a la princesa:     —Princesa, semos perdidos,
    que la espada de tu padre     (y) entre los dos ha dormido.