Gerineldo

Referencia: 
1056r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Andrea Labrada Calvo
  3. Edad del informante: 
    62
  4. Localidad: 
    Abenójar
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Inocencia Fernández Camacho, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 13 Abril, 1991
  8. Notas: 

    La informante le da el título de La canción de Gerineldo. Indica que la aprendió de niña, al oírlo en las matanzas.

    Se repiten los versos 6, 10, 14, 16, 20, 23b, 25, 27, 29, 32, 34 y 36. En la repetición, se producen las siguientes variantes: v. 10a: “a la ventana ha llamado”. V. 14b: “se cumple”. V. 25b: “entre los dos ha dormido".

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 29-230).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche,     tres horas el sol salido!
    —Como soy vuestro criado,     señora, os burléis conmigo.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    —¿A qué hora puede ser,     señora, lo prometido?
    —Entre las doce y la una,     cuando el rey esté dormido—.  
    Tres vueltas le dio al palacio,     otras tantas a el castillo,
    descalzo de pies y piernas     para no ser descubrido.
    Viendo que no había nadie,     al cuarto la infanta ha ido.
    Ha llamado a la ventana     con golpes desconocidos:           
    —¿Quién ha sido ese varón,     quién ha sido ese atrevido
    que a mi ventana ha llamado     con golpes desconocidos?
    —No se asuste, gran señora,     soy Gerineldo pulido,
    que entre las doce y la una     le cumple lo prometido—.  
    Se enredaron a jugar     como mujer y marido
    y, cansados de jugar,     los dos quedaron rendidos.    
    A otro día en la mañana,     tres horas el sol salido,
    llama el rey a Gerineldo,     que le  lleve los vestidos.
    Unos dicen: —No está aquí—.     Otros dicen: —No ha venido—.
    El rey, que se lo figura,     al cuarto la infanta ha ido;
    los ha pillado durmiendo     como mujer y marido.
    Ha desenveinao la espada     y entre los dos la ha metido;
    y al refrío de la espada,     la infanta se ha sorprendido:
    —Levántate, Gerineldo,     que ya somos descubridos,
    que la espada de mi padre     entre los dos la ha metido.          
    —¿Dónde me iré, gran señora,      para no ser descubrido?
    —Vete al jardín de mi padre     a cortar rosas y lirios.
    —¿De ande vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo del jardín de usía     de cortar rosas y lirios;
    una rosa de cien hojas     el color me lo ha comido.
    —No me engañes, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    Os pondremos casa aparte,     como mujer y marido.
    —Le tengo promesa hecha     a la Virgen de la Estrella,
    mujer que ha sido mi dama     de no casarme con ella—.
    Gerineldito se ha ido     a las islas Baleares
    y la infantita se queda     preñadita y con su padre.