Gerineldo

Referencia: 
0961r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Prado Martín Fernández
  3. Edad del informante: 
    47
  4. Localidad: 
    Arroba de los Montes
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María del Prado Cuenca Redondo, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 27 Enero, 1983
  8. Notas: 

    En esta versión, se repiten los versos 2, 4, 6 y 11.

    Notas léxicas:

    susprendido: por sorprendido.

    Otros datos de la informante:

    La informante nació en Arroba de los Montes y vive en Ciudad Real, donde se recogió la versión.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 234).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche     tres horas anochecido!
    —Como soy vuestro criado,     señores, burléis conmigo.
    —No es de burla, Gerineldo,     que de veras te lo digo—.
    Tres vueltas le dio al palacio,     otras tres le dio al castillo,
    con zapatito de seda     pa que no fuera sentido.
    Al subir las escaleras,     cada escalón un suspiro,
    y ha dao el último escalón,     la infanta se ha susprendido*;
    le ha cogido de la mano     y en su alcoba le ha metido.
    Se liaron a luchar     como mujer y marido,
    cuando en medio de la lucha,     los dos quedaron dormidos.
    A lo frío de la espada,     la infanta se ha susprendido:
    —Levántate, Gerineldo,     que ya somos descubridos,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Por dónde me iría yo,     que del rey no fuera visto?
    —Vete por esos jardines     cortando rosas y lirios.
    —¿Dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo de ahí de esos jardines     de cortar rosas y lirios;
    una rosa de fragancia     el color se me ha comido.
    —No me niegues, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    —Máteme usted, gran señor,     si delito he cometido.
    —No te mato, Gerineldo,     te he criado como un hijo.