Gerineldo

Referencia: 
0715r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isabel Cañamero Moreno
  3. Edad del informante: 
    63
  4. Localidad: 
    Corral de Calatrava
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María Paz Cid Sánchez, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 14 Noviembre, 1981
  8. Notas: 

    En esta versión, se repiten los versos 2, 4 y 6.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 237-238).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    ¡quién te pillara esta noche     tres horas a mi albedrido! 
    —Como soy vuestro criado,     señora, os burléis conmigo.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    —¿A qué hora, gran señora,     se cumple lo prometido?
    —Entre las doce y la una,     cuando el rey esté dormido—.
    Dio tres vueltas al palacio     y otras tantas al castillo;
    viendo que no había nadie,     (y) al cuarto la infanta ha ido.
    —Traición, traición al palacio.     ¿Quién ha sido el atrevido?
    —No se asuste usted, señora,     que es Gerineldo pulido,
    con zapatillas de seda     para no ser descubrido—.
    Lo ha cogido de la mano     y a la cama l’ ha subido;
    empezaron a jugar     como mujer y marido.
    Con la refriega del juego     los dos se han quedao dormidos.
    A otro día de mañana,     (……………………….)
    llama el rey a Gerineldo     que le lleve los vestidos.
    Unos dicen: —No está aquí—.     Y otros que no ha aparecido.
    Se ha tirao el rey de la cama     y al cuarto la infanta ha ido;
    los ha pillado durmiendo     como mujer y marido.
    Ha tirao el rey de la espada     y entre los dos la ha metido:
    —Para el día de mañana     la espada sea testigo—.
    Con el refrior del hierro     la infanta se ha sorprendido:
    —Levántate, Gerineldo,     que ya somos descubridos,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Dónde me iré, gran señora,     que no sea descubrido?
    —Veste al jardín de mi padre    (y) a coger rosas y lirios—.
    El rey estaba en acecho     (y) al encuentro l’ ha salido:
    —¿De ande vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo del jardín de usía     de coger rosas y lirios;
    la fragancia de una flor     el color me lo ha comido.
    —No me niegues, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    Sos pondremos casa aparte     como mujer y marido.
    —No lo permita mi Dios     ni la Virgen de la Estrella,
    mujer que ha sido mi dama     de yo casarme con ella—.
    A otro día de mañana     le leyeron la sentencia:
    en la plaza la Cebada     le cortarían la cabeza.
    Gerineldo se marchó     para las islas de Cádiz,
    y la infanta se quedó     deshonrada y con sus padres.