Gerineldo

Referencia: 
0670r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Asunción Calzada Sánchez
  3. Edad del informante: 
    59
  4. Localidad: 
    Las Labores
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María Dolores Gil-Ortega, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Martes, 31 Marzo, 1981
  8. Notas: 

    Notas léxicas:

    alberío: por albedrío

    ande: por dónde

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0023

    Versión publicada en Anaya Flores (1999: pp. 106-107; música p. 172; procedencia y peculiaridades p. 214) y Anaya Flores (2016: p. 243; música p. 396).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    —Gerineldo, Gerineldo,     Gerineldito pulido,
    quién te pillara esta noche     tres horas en mi alberío*.
    —Como soy criado en casa,     señora, burlas conmigo.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    —Dígame usted, gran señora,     a qué hora es lo prometido.
    —Entre las doce y la una,     mientras mi padre dormido—.
    Tres vueltas le dio al palacio,     otras tres le dio al castillo,
    con zapatitos de seda     para no ser conocido,
    con zapatitos de ante     para que no lo han sentido.
    La ha cogido de la mano,     en su alcoba la ha metido.
    Empezaron a luchar     como mujer y marido;
    en medio de la luchada,     los dos quedaron dormidos.
    A otro día de mañana,     tres horas el sol tendido,
    llama el rey a Gerineldo     que le lleve su vestido.
    Unos dicen que no está,     otros dicen: —Ya se ha ido—.
    El rey lleno de sospecha     al cuarto la infanta ha ido;
    los ha pillado durmiendo     como mujer y marido.
    —Mi espada pongo delante,     pa que sirva de testigo—.
    Y al reflejo de la espada,     la infanta ha dado un chillido:
    —Levántate, Gerineldo,     levántate, dueño mío,
    que la espada de mi padre     entre los dos ha dormido.
    —¿Por dónde me voy ahora     para no ser conocido?
    —Vete por entre jardines     cogiendo rosas y lirios;
    si te encuentras a mi padre,     le cuentas lo sucedido—.
    Al pasar por el jardín,     se ha encontrado el señorito:
    —¿De ande* vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    —Vengo por entre jardines     cogiendo rosas y lirios;
    una rosita encarnada     mi color se l’ ha comido.
    —No me niegues, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    —Máteme usted, gran señor,     si delito he cometido.
    —No te mato, Gerineldo,     que te he criado muy niño;
    y si mato a la princesa,     tengo mi reino perdido;
    os quedaréis en palacio     como mujer y marido.