Gerineldo

Referencia: 
0162r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    E. Plaza
  3. Edad del informante: 
    76
  4. Localidad: 
    Génave
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Marta Urea Herrador y Sergio López Rueda
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 29 Octubre, 2015
  8. Notas: 

    Ocupación de la informante
    Elvira Plaza Muñoz: aceituna, labores del hogar

  9. Bibliografía: 

    IGRH:0023

    Fuentes primarias 
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

  10. Resumen: 

    La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    —Gerineldo, Gerineldo,     mi camarero pulido,
    —¿quién te pillara esta noche     dos horas en mi albedrío?
    —Pues a qué hora va a ser.     —Dime tú lo prometido.
    Entre las doce y las una,     que mi padre esté dormido—.
    A otro día de mañana     se levanta Gerineldo
    Al dormitorio de la hija     el padre ha ido:
    —¿Y si mato a Gerineldo,     lo he creado desde niño?
    ¿Y si mato a la doncella,     que es la hija de mi hijo?
    Pondré la espada en medio     y que sirva de testigo—.