Flores y Blancaflor

Referencia: 
1106r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juana Liébana García
  3. Edad del informante: 
    66
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán, Joaquina Checa Beltrán y Pilar Salanueva Mateo
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    Títulos alternativos: "Hermanas reina y cautiva".

    Notas léxicas:

    pesquizas: así en el archivo sonoro.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0136

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: pp. 123-124)

    Fuentes primarias
    Armistead (1978: H1); Atero Burgos (2003: n.º 45); Checa Beltrán (2005: n.º 19); Piñero Ramírez (1996: n.º 44);  Piñero Ramírez (2014: n.º 37).

  10. Resumen: 

    Una reina mora le comenta a su marido que quiere tener una esclava cristiana. Los soldados salen a cumplir sus deseos y se encuentran en el camino con el conde Flores y su esposa, que regresan de una romería para pedirle a la Virgen descendencia. Los moros matan a Flores y cautivan a la condesa, a la que la reina hace ama de llaves.  En una versión menos extendida, una viuda tiene dos hijas: a la primera la cautivan y la segunda se casa con un moro. Un día, el esposo la lleva a su tierra, donde le espera su otra esposa, a la que convierte en esclava, pasando a ocupar su puesto la recién llegada. Cierto día, se ponen ambas de parto; la reina tiene un niño y la condesa una niña. La reina oye decir a la condesa que quiere bautizar a su hija con el nombre de una hermana suya a la que cautivaron los moros de niña. La reina reconoce a su hermana y se desmaya. Su esposo, que la ve tendida, le pregunta quién le ha hecho tal ofensa. Su esposa le explica lo sucedido y él pregunta qué puede hacer por su cuñada. Su mujer le ruega que la envíe de vuelta a España y bautice a la niña. En otras versiones, se incluye una secuencia en la que se explica cómo la reina ha dado a luz a una hembra y la condesa a un varón, siendo las parteras las que intercambian a los niños. La reina se interesa por el estado de salud de su cautiva y ella le responde que está bien, pero que le pesa no poder bautizar a la niña. La reina le pregunta por el nombre de la criatura y la cautiva le responde que la llamará cómo a su madre y hermana. La reina, sospechando que puede tratarse de su hermana, le pregunta si sería capaz de reconocer a aquella que fue cautivada cuando niña. La esclava le responde que tiene una señal en el hombro o en el pecho. Se produce la anagnórisis.  En ciertas versiones, la reina le reprocha a su esposo que haya matado a su cuñado y cautivado a su hermana. Temiendo que este tome represalias contra ellas por querer cristianar a sus hijos, ambas consiguen huir del castillo y llegar a tierra cristiana, donde bautizan a los niños y le ofrecen una misa al conde asesinado.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.3. Romances sobre cautivos y presos
  3. ¶: 
    Estando la reina mora,     la que reina en Berberina,
    con el deseo de tener     una cristiana cautiva.
    Los moros, al oír esto,     empiezan a hacer pesquizas*,
    unos tiraron p’abajo,     otros tiraron p’arriba.
    Los que tiraron p’abajo     hicieron mejor pesquiza:
    al conde Flores mataron,     a la condesa cautivan.
    —Aquí tiene usted una esclava.     —Que sea bien recibida,
    que le dé bien de comer,     que sean buenas comidas.
    De dos esclavas que tengo,     tú serás la más querida;
    a ti te entrego las llaves     de palacio y de cocina.
    —¿Para qué quiero las llaves     de palacio y de cocina?,
    si ayer fui reina en España,     hoy esclava en Berberina—.
    La reina, al oír esto,     al suelo cayó tendida.
    Subió el grandísimo rey:     —¿Quién te ofende, vida mía?
    —A mí no me ofende nadie,     que mi hermana es la cautiva
    y mi cuñado es el muerto     y mi hija es mi sobrina.
    —¿Qué quieres que yo le haga     a esta hermana tan querida?
    —Que me la pases a España     y que cristianes su niña,
    y que recoja los bienes     que de su madre tenía.