En la estación de Alicante

Referencia: 
1431r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isabel Parra Galera
  3. Edad del informante: 
    56
  4. Localidad: 
    Chilluévar (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Manuel Rodríguez Arévalo y David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 9 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la valiosa colaboración de Rosa Crespo Moreno, responsable del Centro de Adultos de Santo Tomé (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Isabel nació en el Cortijo los Torres (Chilluévar), de donde también proceden sus padres y abuelos. Con trece años se mudó a Santo Tomé, donde ha residido a partir de entonces. Trabaja en la agricultura. Asegura que muchos de los romances que va a recitar los aprendió mientras recogía aceituna.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 5012

    Fuentes primarias
    Atero Burgos (2003: n.º 273); Checa Beltrán (2005: n.º 44); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 248).

  10. Resumen: 

    Una señora muy guapa que lleva a un niño en brazos comparte vagón con un militar que regresa a casa. Esta le pide que coja a la criatura en brazos mientras baja a beber agua. Pasado un tiempo, el militar sospecha que la madre no va a volver, así que decide revisar una maleta que hay al lado del niño. La abre y descubre que contiene diez mil pesetas y una carta en la que se ruega que críen al niño. Su novia y él deciden adoptarlo. Cuando crece, se marcha a servir como chófer a una casa importante. La señora le propone matrimonio, prometiéndole todo su capital. Él acepta y, cuando ella le pide las señas, descubre que es su hijo y le explica que lo abandonó para no manchar la honra de su familia.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.4. Reencuentros / Abandonos
  3. ¶: 
    En la estación de Alicante     al tren sube un militar
    en un vagón de segunda     que para su casa va.
    Al ir a tomar asiento,     el joven quedó mirando;
    una señora muy guapa     llevaba un niño en los brazos.
    Un poquito más alante,     la señora se compone.
    Dice:     —¿De dónde es el militar?
    —Soy de Almadén del Azogue,     provincia Ciudad Real—.
    —¿Es que va usted con permiso?     —No, señora, voy cumplido—.
    Y un poquito más alante,     le dice con mucha gracia:
    —¿Quiere usted tener mi niño     mientras bajo a beber agua?—.
    Pasaron cuatro estaciones     y la señora no volvió,
    y el militar con el niño:     —Ahora, ¿qué voy a hacer yo?—.
    Se queda mirando al niño:     —Niño, no viene tu madre—.
    Ve que en la mano derecha     lleva colgada una llave.
    Le coge la llave al niño,     coge y abre la maleta
    y, envueltas en unos papeles,     llevaba diez mil pesetas.
    Y en los papeles decía:     “Procuren de criar al niño
    y, si le falta dinero,     lo publican en el diario”.
    Ya ha llegado a la estación,     donde todos le esperaban.
    La novia, que estaba allí,     también se le acercaba:
    —Dime de quién es el niño.     Tú me tienes engañada—.
    —El niño nos lo llevamos     y en nuestra casa se cría,
    y de nombre le pondremos     "El secreto de María".
    Ya prepararon la boda     y muy pronto se casaron,
    y se llevaron al niño,     con biberón lo criaron.
    Ya que tuvo quince años,     lo meten en un taller
    para que aprendiera chófer,     que eran sus deseos de él.
    Ya ha cumplido veinte años,     se ha marchado a Barcelona,
    se ha colocado a servir     con una noble señora.
    Ya llevaba varios meses     sirviendo en aquella casa;
    le hacían varios regalos     por lo bien que se portaba.
    Pero un día la señora     le ha llamado a su despacho:
    —Perdona mi atrevimiento     y escucha lo que te hablo:
    si tú te casas conmigo,     como yo no tengo a nadie,
    todito mi capital     será para ti y tus padres—.
    —Le acepto su petición,     ya que en edad no igualamos,
    ya que mis padres son pobres     (…………………………………)
    quiero pagarles con algo     lo que ellos hicieron por mí—.
    La señora se conmueve     y al muchacho le pregunta:
    —Muchacho, ¿es que no tienes madre?     Confiésame ese secreto.
    —Señora, sí tendré madre,     pero buena no será
    porque, cuando yo era pequeñito,     me entregó a un militar.
    —Alza los brazos a mí,     hijo de mi corazón,
    (…………………………………)     tu propia madre soy yo.
    Yo no fui una mala madre,     lo hice por no deshonrar
    la honra de mi familia,     (…………………………………)
    por eso dejé dinero     para que a ti te criaran.
    Y a esos que a ti te han criao     (…………………………………)
    quiero pagarles con algo     lo que ellos hicieron por ti.