En la estación de Alicante

Referencia: 
1426r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Manuela Bautista López
  3. Edad del informante: 
    83
  4. Localidad: 
    Santo Tomé (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano y Manuel Rodríguez Arévalo
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 9 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la valiosa colaboración de Rosa Crespo Moreno, responsable del Centro de Adultos de Santo Tomé (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Manuela nació en Santo Tomé, donde ha vivido siempre. Ha trabajado en la agricultura. Sus padres eran naturales de la misma localidad y también trabajaban en el campo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 5012

    Fuentes primarias
    Atero Burgos (2003: n.º 273); Checa Beltrán (2005: n.º 44); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 248).

  10. Resumen: 

    Una señora muy guapa que lleva a un niño en brazos comparte vagón con un militar que regresa a casa. Esta le pide que coja a la criatura en brazos mientras baja a beber agua. Pasado un tiempo, el militar sospecha que la madre no va a volver, así que decide revisar una maleta que hay al lado del niño. La abre y descubre que contiene diez mil pesetas y una carta en la que se ruega que críen al niño. Su novia y él deciden adoptarlo. Cuando crece, se marcha a servir como chófer a una casa importante. La señora le propone matrimonio, prometiéndole todo su capital. Él acepta y, cuando ella le pide las señas, descubre que es su hijo y le explica que lo abandonó para no manchar la honra de su familia.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.4. Reencuentros / Abandonos
  3. ¶: 
    En la estación de Alicante     a un tren subió un melitar
    en un coche de segunda     que para su pueblo va.
    Al ir a tomar asiento,     el joven quedó mirando
    a una señora muy guapa     que llevaba un niño en los brazos.
    La señora le pregunta:     —¿El melitar va con permiso?—.
    Y el melitar le contesta:     —No, señora, que voy cumplido—.
    Loco de contento,     el melitar se reía mucho
    y la señora     atentamente lo miraba;
    se ha dirigido a él     diciéndole estas palabras:
    —Haga usted el favor de tener mi niño     mientras bajo a beber agua—.
    Pasaron cuatro estaciones,     la señora no volvió,
    y el melitar con el niño le dice:     —Ahora, ¿qué voy a hacer yo?
    Niño, tu madre no viene—.     (…………………………………………)
    Ve que en la mano derecha     llevaba el niño una llave.
    Le quita la llave al niño,     coge y abre la maleta;
    envuelto en unos papeles     llevaba dos millones de pesetas.
    En los papeles decía:     “Precure a este niño criarlo
    y, si le falta dinero,     que lo publiquen al diario”.
    Al llegar a la estación,     donde su familia, todos lo esperaban;
    al verlo con aquel niño,     (………………………………………)
    la novia se aproximó,     diciéndole estas palabras:
    —¿Este niño de quién es?     Tú me has tenido engañada—.
    Desde la estación al pueblo     le explicó todo lo que pasaba,
    cómo le dieron a aquel niño     y el dinero que llevaba.
    Preparan pa la boda,     de seguida se casaron,
    y a aquel niño pequeñito     con bibirón lo criaron.
    Cuando tenía quince años,     lo llevaron a una escuela-taller
    para que aprendiera chófer,     que eran los deseos de él.
    Terminados todos sus estudios     y con todos sus papeles en el bolsillo,
    (……………………………………………)     se marchó para Barcelona,
    y se colocó de chófer     con una noble señora.
    La señora lo quería muncho,     muncho lo acariciaba,
    le hacía muchos regalos     por lo bien que se portaba.
    Y estando un día comiendo,     lo llamó a su despacho
    y le dice: —Juan, perdona mi atrevimiento     y atiende lo que te hablo:
    de ti estoy completamente enamorada     (………………………………………)
    y, si te casas conmigo,     como yo no tengo a nadie,
    todito mi capital     será pa ti y pa tus padres—.
    El joven sorprendido y avergonzado,     sin saber qué contestar,
    se salió para la calle     con idea de no volver más,
    pero la señora lo seguía:     —¡Espérate, Juan, espera! Cuéntame lo que te pasa.
    Si es que no tienes madre,     te quedarás en mi casa.
    —Sí, señora, sí que tendré madre,     pero buena no será,
    que, siendo yo pequeñito,     me entregó a un melitar—.
    Al oír aquellas palabras,     al suelo cayó mareada
    porque aquel era el hijo     que ella tanto buscaba.
    Pero pronto se incorporó     diciéndole estas palabras:
    —Yo fui tu mala madre,     la que a ti te abandonó.
    No lo hice por mala,     que lo hice sin querer,
    por no manchar mi honra     a un melitar te entregué,
    para que a ti te criaran     algún dinero dejé.
    Y ahora ya te se acabaron     todas tus penas, todas tus fatigas,
    y de nada te faltará     mientras que tu madre esté viva—.
    Y aquí termina, señores y señoras,      este bonito y entretenido romance,
    que con él se quería casar     sin saber que era su madre.