El soldado de Tortosa

Referencia: 
0778r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isidora Hidalgo
  3. Edad del informante: 
    44
  4. Localidad: 
    Carrión de Calatrava
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Begoña Crespo Núñez, Goyi Velasco Muñoz y Concepción Ayuga Hidalgo, pertenecientes al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 1 Noviembre, 1981
  8. Notas: 

    En esta versión, se repite el verso 6.

    Notas léxicas:

    costión: por cuestión.

    requesitorias: requisitorias: "adj. que se aplica al despacho de un Juez à otro, en el que le requiere execute algún mandamiento suyo, con el término y cortesía que se debe. Usase regularmente substantivado en la terminación femenina" (Dic. Aut.,  T. V, 1737: p. 589).

    de papá: el sentido es que sus abuelos hacían de padres.

    prender: por emprender.

    Otros datos de la informante:
    La informante indica que aprendió estas canciones “porque, cuando yo era chica, mi madre se iba al campo, y si me dejaba una peseta para comprar comida, venía un tío de coplas y yo compraba las coplas, y no compraba la comida. Y así nos lo pasábamos. Y mi madre, que iba al campo, me llevaba a las quinterías con ella, y yo aprendía los cantares".

  9. Bibliografía: 

    Versión publicada en Anaya Fernández y Anaya Flores (1999: pp. 109-111; música p. 189; procedencia y peculiaridades p. 213).

  10. Resumen: 

    Una muchacha se enamora de un estudiante que la deshonra. Queda embarazada y, al poco tiempo de dar a luz, abandona al niño al cuidado de sus padres. Cuando el niño crece, lo reclama la quinta para Melilla. Allí cae prisionero. Sin embargo, la mujer de uno de los cabecillas siente pasión por los prisioneros españoles. Un día, esta mora bondadosa escucha a uno de los prisioneros hablar de su tierra, Tortosa. Entonces, hace las averiguaciones pertinentes y descubre que es su hijo. Libera a los prisioneros cuando su marido duerme y escapan todos juntos a España.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.2. De las guerras españolas
  3. ¶: 
    Padres y madres, traer,     escuchar esta familia,
    en un caso que ha ocurrido     muy importante en Melilla.
    Esto ha sido fundación     en la ciudad de Tortosa,
    con un tal José Romero     y Dolores Carrascosa.
    Esto era un matrimonio     muy estimado en el pueblo,
    que por desgracia o fortuna     solo una hija tuvieron.
    A los diecinueve años     la pobre chica ignorante
    en costión* de casamiento,     la pretendió un estudiante.
    Iba con la picardía,     y el amante la engañó,
    y a los nueve meses justos     un niño al mundo entregó.
    Y la pobre, avergonzada,     en ver lo que le pasó,
    dejó su niño en la cuna,     una noche se marchó.
    Entonces aquellos padres     no hacían na más que llorar;
    echaban requesitorias*,     y sin poderla encontrar.
    De limosna para el niño     muchas mujeres llevaban,
    y de papá*, sus abuelos,     los tres juntos se acostaban.
    Llegó la hora que el chico     su mano en quinta metió,
    y por desgracia o fortuna     a Melilla le tocó.
    Ustedes recordarán     cuando en el primer combate
    los cogieron prisioneros     al tiempo del desembarque.
    La casa onde los llevaron     era una casa de campo,
    que por debajo de tierra     todita estaba minado.
    Y en aquella casa había     de cadáver y despojos,
    y uno al otro se decían:     —Lo mismo harán con nosotros—.
    Ya los pusieron en cueros     como vinieron al mundo,
    y de cama les pusieron     ramas de los higos chumbos.
    —Adiós, mi padre y mi madre,     y adiós, aguas caudalosas;
    adiós, el río del Ebro     que cruza por Zaragoza—.
    E la mora no podía     oír aquellos clamores,
    porque le tenía pasión     a todos los españoles.
    Entonces aquella mora     al soldado se acercó;
    con lágrimas en los ojos     llorando le preguntó:
    —¿Tus padres cómo se llaman?     —Mis padres yo no lo sé,
    porque ni a mi pobre madre     la he podido conocer—.
    Entonces aquella mora     (y) al muchacho se abrazó
    diciendo: —Yo soy tu madre,     hijo de mi corazón.
    No te apures tú, hijo mío,     ni tampoco compañero;
    a ver si os puedo salvar     con el intento que llevo,
    cuando mi marido esté     (y) en aquel profundo sueño
    y también la otra mora     con el otro compañero—.
    Ya los pillaron dormidos     a los moros traicioneros,
    y se vengaron entonces     de lo que hicieron primero.
    Los ha vestido de moro     para prender* el camino,
    pa si los vían dende  lejos     que no fueran conocidos.
    Siete días por los montes     por la noche caminando;
    iban rendidos de andar     cuando a España llegaron.
    Era caso de tristeza,     pero también de alegría,
    cuando llegaron a España     cómo abrazaron a Elvira.