El padre ambicioso

Referencia: 
1434r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isabel Parra Galera
  3. Edad del informante: 
    56
  4. Localidad: 
    Chilluévar (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Manuel Rodríguez Arévalo y David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 9 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la valiosa colaboración de Rosa Crespo Moreno, responsable del Centro de Adultos de Santo Tomé (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Isabel nació en el Cortijo los Torres (Chilluévar), de donde también proceden sus padres y abuelos. Con trece años se mudó a Santo Tomé, donde ha residido a partir de entonces. Trabaja en la agricultura. Asegura que muchos de los romances que va a recitar los aprendió mientras recogía aceituna.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 5059

    Fuentes primarias
    Atero Burgos (2003: n.º 163); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 208).

  10. Resumen: 

    Una muchacha mantiene una relación formal con un joven honrado. Cierto día, ella acude al muelle para llevarle comida a su padre, que trabaja allí como obrero. Un caballero rico se prenda de ella y la pide en matrimonio a su padre. En un principio, el padre le explica al señor que la muchacha tiene novio y que este se encuentra en el servicio militar. Finalmente, el rico convence al padre, que obliga a su hija a casarse contra su voluntad, amenazándola de muerte. La chica escribe una carta a su novio donde le informa del caso. El muchacho aparece el día de la boda y ambos escapan.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.3.3. Pasionales
  3. ¶: 
    Esto era un caballero que trabajaba     en el muelle de Sevilla,
    tan solo tiene una hija,     que era una flor maravilla.
    Un día que fue a llevarle     a su padre la comida,
    se enamoró el caballero     al verla tan guapa y linda.
    —¿Esta es su hija, don Francisco?     —Esta es mi hija, don José.
    —De buena gana, Francisco,     con tu hija me casaba,
    y ni a usted ni a su familia     no les faltaría de nada.
    —Está ennoviá, don José,     y lo tiene en el servicio,
    honrado y trabajador,     y se quieren con delirio.
    —Pues usted lo que tiene que hacer     es decirle a su hija
    que se case con un hombre     que tenga para comer.
    —Está bien,     iré y se lo diré,
    y con la respuesta que dé     yo pronto he de volver.
    —¡Válgame Dios, hija mía,     la dicha que traigo a casa!
    ¿Te acuerdas del caballero     que conmigo platicaba?
    Se ha enamorado de ti     al verte tan guapa y linda.
    —¿Cómo quiere usted, mi padre,     que me olvide de Manuel
    si la palabra le di     cuando al servicio se fue?
    La palabra yo le di     de quererlo hasta morir.
    —Pues tú harás lo que yo te mande     y, si no, te mataré,
    y en un sitio muy oculto,     tu cuerpo lo enterraré—.
    Ya que ve el asunto en serio,     a Manuel le escribe una carta:
    “Ven a salvarme, Manuel,     si te encuentras licenciao.
    Ven a salvarme, Manuel,     aunque no estés licenciao,
    que me quiere casar mi padre     con un rico millonario”.
    Llega el día de la boda,     ya está todo preparao:
    zapatos no había otros,     vestido en oro bordao.
    Isabel está en la iglesia     y Manuel al pueblo ha llegao
    y se ha encontrao con un amigo     que todo se lo ha contao,
    y él, ni corto ni perezoso,     a la iglesia se ha marchao.
    Isabel, al verlo entrar,     a su cuello se ha abrazao:
    —No llores más, Isabel,     sangre de todas mis venas,
    ya tienes aquí a Manuel,     ya tienes quien te defienda.
    Me la llevo, señores,     me la llevo porque es mía
    y a mí me pertenece.
    Si alguien pone impedimento,     pronto me juego la vida—.
    Se casa este matrimonio     y vivieron muy felices,
    y el padre y el señorito,     con dos palmos de narices.