El crimen de Cazorla

Referencia: 
1430r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isabel Parra Galera
  3. Edad del informante: 
    56
  4. Localidad: 
    Chilluévar (Sierra de Cazorla)
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    Manuel Rodríguez Arévalo y David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 9 Mayo, 2018
  8. Notas: 

    Este registro ha sido recopilado en el marco del proyecto de I+D (Excelencia) del MINECO “Documentación, tratamiento archivístico digital y estudio lexicológico, histórico-literario y musicológico del patrimonio oral de la Andalucía oriental” (referencia: FFI2017-82344-P).

    Agradecemos la valiosa colaboración de Rosa Crespo Moreno, responsable del Centro de Adultos de Santo Tomé (Jaén), y de Jovita Rodríguez Bautista, coordinadora de Centros de Adultos de la comarca de la Sierra de Cazorla.

    Otros datos de la informante:

    Isabel nació en el Cortijo los Torres (Chilluévar), de donde también proceden sus padres y abuelos. Con trece años se mudó a Santo Tomé, donde ha residido a partir de entonces. Trabaja en la agricultura. Asegura que muchos de los romances que va a recitar los aprendió mientras recogía aceituna.

  9. Resumen: 

    Un joven le propone matrimonio a su novia, pero ella lo rechaza porque sus padres no lo aceptan y, si se casa con él, no le legarán sus bienes. Cierto día, cuando salen del trabajo, él le propone dar un paseo. Saca una pistola y le dispara. Acto seguido, se suicida con la misma arma.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    2.3.3. Pasionales
  3. ¶: 
    [Com.] En el pueblo de Cazorla,     que es provincia de Jaén,
    Paco ha matado a Carmela     y él se ha matado también.
    (………………………………)     También amor verdadero,
    padres y madres son conformes,     todos ellos eran buenos.
    A la salida de un oficio,     que eso fue su perdición,
    (………………………………)     Paco le dice a Carmela:
    —Vamos a dar un paseo     por la carretera nueva—.
    (………………………………)     Saltó su madre orgullosa:    
    —De mi hija no te acuerdes,     que mi hija no es tu esposa—.
    Paco le pregunta a ella     que si aquello era verdad
    y ella le respondía:     (………………………………)
    —Yo a mis padres no les doy     ningún dijusto por na.
    Pues yo te digo, mi Paco,     que no te puedo querer,
    no te puedo querer     así me trague la tierra.
    —Tierras he vendido yo     para comprarte el ajuar,
    muchos vestidos y alhajas     y algunas cosillas más.
    Te he comprao el vestío de novia,     el anillo y el azahar.
    Y ahora que está to comprao,     ¿tú me quieres espachar?
    Pues yo te juro, Carmela,     que te tengo que matar.
    —Paco, ten mucha paciencia     y ya no te ciegues más.
    Si no te casas conmigo,     con otra te has de casar.
    —Pues yo te voy a decir     con mucho remordimiento:
    no te dejaré vivir     ni horas, ni días, ni momentos—.
    Se echa la mano al bolsillo     y el revólver se sacó,
    dándole un tiro a Carmela,     que muerta al suelo cayó.
    Cuando vio que estaba muerta,     él otro tiro se dio,
    dándoselo en la sien,     que a su lado se cayó.
    Y la pobre de la madre     se echaba de rodillas,
    y con el mandil que llevaba     le tapaba las heridas.
    Y aquí ha acabao la historia     de estos dos enamoraos,
    que por culpa de sus padres     la vida se la han quitao.
     
    [Com.:
    [Isabel]: El de Cazorla, mi padre se lo, mi padre se lo contó aquel día a mi hijo y… unos decían | unos… sabían un trozo de una manera, otros de otra, y… y yo, mi hijo dice:
    ―Esto, lo que dice el abuelo de esta manera aquí ―dice―, lo que dice la otra tampoco paece que pega y en fin―.
    Digo:
    ―Bue- |
    Dice:
    ―Mama, yo voy a hacer esto aquí así, que va a quedar bien―.
    Y yo ese, ese romance a | yo… me encantaba porque es que ese romance surgió justamente al lao de mi cortijo, donde hay un d’eso. Y, y entonces, yo, cuando ese profesor le dijo eso, yo llevé mi cámara, eché fotografías porque quedaban restos de las puertas de aquel, de aquel, de aquel cortijo, y ventanas, y quedaba la tinaja en la alacena. Y yo, aquello me picaba la curiosidad de que aquello fuera completo con el romance, lo cual que no me lo devolvieron, las fotos. Yo eran | las cámaras no eran como ahora de estas digitales, que yo…
    No lo volví a ver, porque yo después se lo pedí al cura y me dijo que | ya, ya no me lo dio, no me lo dio. No me dio ni el romance, ni las fotos aquellas, ni entonces los negativos eran como ahora, que aquello, aquello no se guardaban tanto.
    [Recopilador]: Total, que se perdió.
    [Isabel]: Se perdió. Solamente tengo en mi casa de la puerta que quedaba | Bueno, la puerta la tengo yo en mi cortijo. Está sin poner, pero yo ya, un día que la quitaron ahí pa quemarla lo que quedó, digo:
    ―No, me la llevo yo ―porque me…, me apetecía a mí tenerla.]