Conde Niño + Gerineldo + La condesita

Referencia: 
1185r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    María Crespo
  3. Edad del informante: 
    83
  4. Localidad: 
    Cisneros
  5. Provincia: 
    Palencia, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 1 Enero, 1981
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00008 05)

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Hilo de oro".

    Algunos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Cancionero de Palencia, t. I. de J. Díaz.

    Notas léxicas:

    halagueña: por halagüeña.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049+0023+0110

    Fuentes primarias de "Conde niño" 
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

    Fuentes primarias de "Gerineldo"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 24); Armistead (1978: P2 [Q1]); Atero Burgos (2003: n.º 5); Checa Beltrán (2005: n.º 2); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 39, 41 y 42); Piñero Ramírez (1996: n.º 3); Piñero Ramírez (2004: n.º 2 y 3); Piñero Ramírez (2014: n.º 9); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: pp. 383-387).

    Fuentes primarias de "La condesita"
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 8); Armistead (1978: P2 [I7]); Atero Burgos (2003: n.º 41); Checa Beltrán (2005: n.º 15); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 15); Piñero Ramírez (1996: n.º 40); Piñero Ramírez (2004: n.º 3 y 36); Piñero Ramírez (2014: n.º 38); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 365).

  10. Resumen: 

    Resumen de "Conde Niño": El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. En algunas versiones, la infanta organiza el entierro del conde y profetiza que ella también morirá pronto; en otras, acude a casa de su tía o de su tío en busca de consuelo y desde allí ve pasar la comitiva fúnebre, o bien el tío se muestra piadoso y decide organizar el entierro. Finalmene, la infanta muere de tristeza y entierran su cuerpo en la misma iglesia en la que yace el conde, aunque ella ocupa una posición más cercana al altar debido a que posee sangre real. Los desenlaces pueden ser muy variados: 1) de la tumba de la muchacha o en medio de las dos tumbas, nace un rosal que contiene un letrero inculpando a la reina; esta lo manda arrancar, pero cuanto más lo cortan, más florece; 2) de la tumba de la muchacha nace un manantial que cura la ceguera o la cojera; la reina, que ha perdido la vista o una pierna, intenta utilizarla, pero la infanta se niega a darle agua y le reprocha su mala acción o la deja coja de los dos pies; 3) de la tumba de ella nace un rosal y de la de él un espino que logran alcanzarse; la reina los manda cortar y las almas de los amantes se convierten en dos aves que vuelan juntas por el cielo; 4) en algunas versiones, se encadenan todos estos elementos y se añade alguno más, como por ejemplo, la conversión de las almas en olivos, que le traban el paso a la reina cuando va a misa o le rasgan el delantal o el vestido; el intento frustrado de la reina de dar muerte a las aves o la conversión de los amantes en ermita y en altar de donde brota una fuente curativa que se seca cuando la reina acude a ella.

    Resumen de "Gerineldo": La hija del rey requiebra a su criado Gerineldo. Este accede a sus deseos y, en plena noche, se interna en la habitación de la princesa. El rey se despierta temprano y pregunta al resto de los criados por el paradero de Gerineldo. Estos no saben darle respuesta. En otras versiones, el rey se despierta de noche porque sospecha de su hija. Entra sigilosamente en la habitación donde duermen los amantes y deja su espada entre ambos para que sirva como testigo de su presencia. El rey se pregunta qué puede hacer, porque no se ve capaz de matarlos. Al sentir el frío de la espada, la infanta se despierta y, alarmada, le pide a Gerineldo que salga huyendo por el jardín. El rey le intercepta el paso y pide que le explique por qué está tan descolorido. Este le asegura que le ha robado el color una rosa. El rey le pide que no le niegue la verdad y le exige que se case con la infanta. Este se niega porque le ha prometido a la Virgen que nunca se casaría con una mujer de la que hubiese gozado con anterioridad. En algunas versiones, Gerineldo es condenado a muerte, pero escapa hacia tierras lejanas, mientras que la princesa queda en palacio deshonrada o embarazada.

    Resumen de "La condesita": Un conde es reclamado por el rey para ir a la guerra, por lo que se ve obligado a abandonar a su esposa. Antes de marchar, le aconseja a su mujer que, cuando pasen unos años, se case con otro hombre si él no ha vuelto. Una vez cumplido el plazo indicado por el conde, el padre le pregunta a la condesa por qué no contrae matrimonio. Ella le pide permiso para salir a buscar a su marido, ya que está segura de que sigue vivo. Después de un largo peregrinaje, se encuentra con un vaquero y le pregunta por el dueño del ganado, o reconoce los caballos del conde e interroga al paje que los cuida. Descubre que se trata de su marido, que se va a casar al día siguiente. Se encamina al castillo del conde y le pide una limosna; él le entrega una mísera cantidad. La condesa se queja y él le ruega que le declare lo que quiere; ella le responde que su anillo de compromiso. La condesa se despoja de su tosco sayal y el conde reconoce el rico vestido que ocultaba y que él mismo le regaló. En algunas versiones, el noble le pregunta a la peregrina por su procedencia y la interroga acerca de las noticias que tienen en su tierra sobre él. Ella le asegura que tiene mala reputación, ya que ha engañado a su esposa. Acto seguido, le revela su verdadera identidad. En ocasiones, la anagnórisis se produce cuando ella le muestra un lunar o sus joyas. En la mayoría de las versiones, el conde se desmaya al reconocer a su mujer. La prometida maldice a la romera, pero él declara que es su esposa. Anula la boda y vuelve con la condesa a su tierra. En algunas versiones, la prometida se arroja por un balcón o muere repentinamente.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Una mañana de abril     ha salido Gerineldo
    a dar agua a sus caballos     a la orillita del mar.
    La infanta, que lo escuchaba,     ya ha comenzado a exclamar:
    —Gerineldo, Gerineldo,     buen camarero leal,
    si fuera rico en hacienda,     como es el amante mío,
    dichosa de ser la dama     que se ha de casar contigo.
    —Como soy vuestro criado,     todos os burláis de mí.
    —No me burlo, Gerineldo,     que de veras te lo digo.
    ¡Quién te pudiera tener     una noche a mi albedrío!
    —Si vos lo veis ahí, señora,     ya lo tenéis concedido—.
    A las diez se acuesta el rey,     a las once está dormido,
    a las doce, la ocasión,      cuando canta el gallo pío
    El rey ha tenido un sueño     [¿…?]
    [¿…?] la infanta     con el oro del castillo.
    Fuera [¿…?], fuera [¿…?] o no lo fuera,     de su cuarto se ha salido
    y, al subir sobre las escaleras,     los ha encontrado dormidos:
    —A Gerineldo no le mato     porque lo crie desde niño.
    A la infanta, si la mato,     queda mi reino perdido.
    Vea que les queda mi espada     y que les sirva de testigo,
    que antes de la ley del día     sean mujer y marido—.
    A las seis de la mañana,     la infanta dio un suspiro:
    —Gerineldo, Gerineldo,     que ya somos conocidos,
    que la espada del rey, mi padre,     entre los dos ha dormido.
    —¿Por dónde me iré, señora,     para no ser conocido?
    —Vete por esos jardines,     pisando rosas y lirios—.
    El rey, como lo sabía,     al encuentro le ha salido:
    ―¿Dónde vienes, Gerineldo,     tan triste y descolorido?
    ―Señor, la fragancia de una rosa     que el color me la ha comido.
    ―Mientes, mientes, Gerineldo,     que con la infanta has dormido.
    ―El castigo que merezca,     démelo usted, señor mío.
    ―El castigo que mereces     ya lo tienes prometido,
    que antes de que llegue el día     seáis mujer y marido.
    ―Yo tengo hecho un juramento     (y) a la Virgen de la Estrella,
    mujer que fuera mi dama,     de no casarme con ella―.
    Se ha declarado una guerra     entre España y Portugal
    y a Gerineldo lo nombran    de capitán general.
    Al despedirse los dos,     la infanta se echó a llorar:
    —Dime, dime, Gerineldo,     ¿qué tiempo podrás tardar?
    ―Si a los siete años no vengo,     marido puedes buscar—.
    Se han pasado los siete años     y para los ocho van.
    Un día, habló su padre     y la dijo estas palabras:
    —Hija, ¿cómo no te casas?,     ¿cómo no buscas marido?
    —¿Cómo quieres que me case     si Gerineldo está vivo?
    —¿Qué cartas has tenido de él?     ¿Qué billetes has cogido?
    —Padre, no he tenido cartas     ni billetes he cogido;
    una vez que entré en mi cuarto     mi corazón me lo dijo.
    Lo que le pido a usted, padre,     que me compre usted un vestido;
    no se le pido de seda     ni tampoco paño fino,
    se le pido de lo que suelen gastar     (…) los peregrinos—.
    Se vistió de peregrina,     se ha ido a peregrinar.
    Atravesó siete reinos    [¿sin tener razón de más?]
    Entre los siete y los ocho,      razón has tenido ya.
    —Dime, dime, pastorcito,     dinero te voy a dar
    si me niegas la mentira,     si me dices la verdad:
    ¿dónde vive Gerineldo,     en qué calle, qué ciudad?
    —Vive en la calle del perro,     en el número principal—.
    …………………………………     Allí decidida va.
    …………………………………     —Buenos días, militar.
    Si me da usted una limosna,     que Dios se lo pagará—.
    Tan desgraciada ha sido,     que él ha venido a pagar:
    —¿De dónde es la peregrina,     halagueña* en el reír,
    halagueña en el mirar     y halagueña en el andar?
    —¿Tan desconocida estoy     que no me conoces ya?
    —Atrás, atrás, peregrina;     deténgase usted, atrás,
    que si usted es hija de un conde,     yo soy [¿…?]
    Quédese con Dios, mi suegro     y señor de este lugar
    [¿…?]
    que los amores primeros     son muy malos de olvidar.