Conde Niño

Referencia: 
0904r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Marina López Parra
  3. Edad del informante: 
    54
  4. Localidad: 
    Traspinedo
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz y José Delfín Val
  7. Fecha de registro:

    Domingo, 1 Enero, 1978
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00004A 12).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Conde Niño".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Mañanita, mañanita,     mañanita de San Juan,
    saca Pedro los caballos     a la orillita del mar.
    Mientras los caballos beben,     una copla ha de cantar.
    ―Mira, hija, cómo canta     la sirenita del mar.
    ―Madre, no es la sirenita     ni tampoco el sirenal,
    que es el hijo de vizconde     que a mí me viene a buscar,        
    que es el hijo de vizconde     con quien yo me he de casar.
    ―Si es el hijo de vizconde,     cuatro tiros le he de dar,
    y otros cuatro a sus caballos     para que no penen más―.
    La niña que oye eso,     en ca su tiita va:
    ―Mira, tiita del alma,     lo que ha dicho mi mamá:
    va a matar a mis amores     para que no pene más―.
    Pasa un día, pasan dos,     la niña malita está.
    Pasan tres y pasan cuatro,     ya la llevan a enterrar.
    (Y) en el medio de la tumba,     ha nacido un rosal
    y, contri más le cortaban,     más rosas daba el rosal.
    Con el mismo letrerito:     “He muerto por mi mamá”.