Conde Niño

Referencia: 
0857r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    María del Carmen Hernández Lozano y Carolina Cárdenas
  3. Edad del informante: 
    25 y 28
  4. Localidad: 
    Los Pozuelos de Calatrava
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María del Carmen Hernández Lozano, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Martes, 10 Noviembre, 1981
  8. Notas: 

    Las informantes lo titulan Romance del conde Olinos.

    En esta versión, se repiten los segundos hemistiquios de los versos pares. Se repite el último verso y, una vez repetido, se hace lo mismo con el segundo hemistiquio de este.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 204).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Madrugaba el conde Olinos,     mañanita de San Juan,
    a dar agua a su caballo     a las orillas del mar.
    Mientras su caballo bebe,     canta un hermoso cantar;
    las aves que van volando     se paraban a escuchar.
    ―Bebe, mi caballo, bebe,     bebe, Dios te libre del mal,
    de los vientos de la tierra     y de la furia del mar―.
    Desde la torre más alta,     la reina le oye cantar:
    ―Mira, hija, cómo canta     la sirenita del mar.
    ―No es la sirenita, madre,     que esa tiene otro cantar;
    que es la voz del conde Olinos     que por mis amores va.      
    ―Si es la voz del conde Olinos,     yo le mandaré matar,
    que para casar contigo     le falta sangre real.
    ―No le mande matar, madre,     no le mande usted matar,
    que si mata al conde Olinos,     a mí la muerte me da―.
    Guardias mandaba la reina     al conde Olinos buscar:
    ―Que le maten a lanzadas     y echen su cuerpo a la mar―.
    La infantita con gran pena     no cesaba de llorar.
    Él murió a la medianoche     y ella a los gallos cantar.
    A ella, como hija de reyes,     la entierran en el atar,
    a él, como hijo de conde,     unos pasos más atrás.
    De ella nace un rosal blanco,     de él, un espino fugaz;
    las ramitas que se alcanzan     fuertes abrazos se dan.
    La reina estaba celosa     y a los dos mandó cortar.
    De ella nace una paloma,     de él un fuerte gavilán;
    juntos vuelan por el cielo,     juntos vuelan par a par.