Conde Niño

Referencia: 
0582r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juliana García-Pardo Aguirre
  3. Edad del informante: 
    49
  4. Localidad: 
    Daimiel
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Ana Isabel Negrete García-Pardo, perteneciente al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Miércoles, 17 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    La informante indica que el título es Mañanita de San Juan.

    Se repiten los versos pares, hasta el 12; y los impares, a partir del 17. También se repite el v. 5

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Versión publicada en Anaya Flores (1999: pp. 93-94; música p. 168; procedencia y peculiaridades p. 212) y en Anaya Flores (2016: p. 201; música p. 392).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Mañanita, mañanita,     mañanita de San Juan,
    saqué mi caballo al agua     a la orillita del mar.
    Mientras mi caballo bebe     agua con serenidad,
    mientras mi caballo bebe,     yo me retiro a cantar.
    Mientras mi caballo bebe,     yo me retiro a cantar;
    águilas que van volando     se pusieron a escuchar.
    La reina que lo está oyendo     desde su palacio real:
    ―Mira, niña, cómo canta     la serena de la mar.
    ―No, mamá, no es la serena,     ni tampoco el serenal,
    que es el hijo del rey-conde     que por mí penando está.        
    ―Si es el hijo del rey-conde,     cuatro tiros le han de dar;
    otros cuatro a su caballo     a la orillita del mar.―
    La niña que oye eso,     en casa su tío va:
    ―Mira, tío, mira, tío,     yo no ceso de llorar,
    que me han muerto a mis amores     a la orillita del mar.―
    Estando diciendo eso,     un entierro vio pasar
    y dio un grito tan tremendo     que decía sin cesar:
    ―Tú te vas y yo me quedo,     yo me quedo y tú te vas;
    antes de los ocho días     en tu compañía he de estar.―
    Pasa uno, pasan dos,     pasan tres, malita está;
    pasan cuatro, pasan cinco,     ya la llevan a enterrar.
    Como es la hija del rey,     la entierran en el altar,
    y al novio, como era conde,     cuatro pasos más allá.
    En la tumba de la niña     ha aparecido un rosal
    con un letrero que dice:     “He muerto por mi mamá”.
    La madre, que se ha enterado,     manda arrancar el rosal;
    si mucho brotaba antes,     mucho más volvió a brotar.
    En la tumba de la niña     aparece un ramo flores
    con un letrero que dice:     “He muerto por mis amores”.
    En la tumba de la niña     aparece un pensamiento
    con un letrero que dice:     “He muerto de sentimiento”.