Conde Niño

Referencia: 
0279r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Purificación Hernández
  3. Edad del informante: 
    84
  4. Localidad: 
    Serranillos
  5. Provincia: 
    Ávila, España
  6. Recopilador: 
    David Mañero Lozano
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Agosto, 2016
  8. Notas: 

    Títulos alternativos: "Conde Olinos", "Conde Olivos", "Amor más poderoso que la muerte", "El amor que venció la muerte", "Los amantes perseguidos", "Los dos amantes", etc.

    En esta versión, se repite el cuarto y el último octosílabo.

    Ocupación de la informante: ha desempeñado diversas ocupaciones, como la confección de zapatillas y de ropa, el trabajo como jornalera y niñera, además de otras labores que le permitieron permanecer en Serranillos, sin tener que dedicarse al servicio fuera del pueblo. Su padre fue vendedor itinerante.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Madrugaba el Conde Olino,     mañanita de San Juan,
    a dar agua a su caballo     a la orillita del mar.
    Mientras su caballo bebe     se puso a echar un cantar.
    ―Madre mía, cómo canta     la serenita del mar.
    ―Madre, no es la serena,     ni tampoco el serenar,
    que es el rey don Fernando     que me viene a mí a buscar.