Conde Niño

Referencia: 
1176r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Toñi
  3. Edad del informante: 
    10
  4. Localidad: 
    Ciudad Real
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Pilar Muñoz, María Teresa Díez Buitrago, María Reyes Sarachaga Ramírez, María del Carmen Muñoz Mera, María Luisa Oliver Cerdán, pertenecientes al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 21 Noviembre, 1981
  8. Notas: 

    En esta versión, se repiten los versos pares.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: pp. 197-198)

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Madrugaba el conde Olinos,     mañanita de San Juan,
    a dar agua a su caballo     a las orillas del mar.
    Mientras el caballo bebe,     se oye un hermoso cantar;
    las aves que iban volando     se paran a escuchar.
    —Bebe, mi caballo, bebe,     Dios te libre del mal,
    de los vientos, de la tierra     y de las furias del mar—.
    Desde las torres más altas     la reina le oyó cantar:
    —Mira, hija, cómo canta     la sirenita del mar.
    —No es la sirenita, madre,     que esa tiene otro cantar;
    es la voz del conde Olinos     que por mí penando está.         
    —Si es la voz del conde Olinos,     yo le mandaré matar,
    que para casar contigo     le falta la sangre real.
    —No le mande matar, madre,     no le mande usted matar,
    que si mata al conde Olinos,     a mí la muerte me da—.
    Guardas mandaba la reina     al conde Olinos buscar:
    —Que le maten a lanzadas     y echen su cuerpo al mar—.
    La infantina con gran pena     no cesaba de llorar.
    Él murió a la medianoche     y ella  a los gallos cantar.