Conde Niño

Referencia: 
0999r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Juliana Gallego
  3. Edad del informante: 
    75
  4. Localidad: 
    Daimiel
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    Ana María García-Rayo Loro y Miguel Loro Rodríguez, pertenecientes al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 28 Enero, 1984
  8. Notas: 

    La informante indica que el título de esta canción es Mañanita de San Juan.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 202).

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Mañanita, mañanita,     mañanita de San Juan,
    saco mi caballo al agua     a la orillita del mar.
    Mientras mi caballo bebe,     yo me retiro a cantar;
    águilas que van volando     se pusieron a escuchar.
    La reina, que lo está oyendo     desde su palacio real:
    ―Mira, niña, cómo canta     la serena de la mar.
    ―Madre, esa no es la serena,     ni tampoco el serenar;
    es el hijo del rey-conde     que por mí penando está.  
    ―Si por ti penando está,     cuatro tiros l’han de dar;
    otros cuatro a su caballo     a la orillica del mar―.
    Y la niña, al oír eso,     en casa su tía va:
    ―Mira tía, mira tía,     yo no ceso de llorar,
    que me han muerto a mis amores     a la orillica del mar―.
    Estando diciendo eso,     el entierro vio pasar
    y dio un grito tan tremendo     que decía sin cesar:
    ―Tú te vas y yo me quedo,     yo me quedo y tú te vas;
    antes de los ocho días,     en tu compañía he de estar―.
    Pasa uno, pasan dos,     pasan tres, malita está.
    Pasan cuatro, pasan cinco,     ya la llevan a enterrar.
    Como era la hija’el rey,     la entierran en el altar;
    su novio como era conde,     cuatro pasos más allá.
    En la tumba de la niña     se ha aparecido un rosal
    con un letrero que dice:     “Yo he muerto por mi mamá”.
    Y la reina, al enterarse,     mandó a cortar el rosal;
    si mucho brotaba antes,     mucho más brotaba ya.
    En la tumba de la niña,     se aparece un ramo’e flores
    con un letrero que dice:     “Yo he muerto por mis amores”.