Conde Niño

Referencia: 
0235r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Isabel Toledano García
  3. Edad del informante: 
    70
  4. Localidad: 
    San Sebastián de los Ballesteros
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Alonso Fernández
  7. Fecha de registro:

    Martes, 19 Noviembre, 2002
  8. Notas: 

    Títulos alternativos: "Conde Olinos", "Conde Olivos", "Amor más poderoso que la muerte", "El amor que venció la muerte", "Los amantes perseguidos", "Los dos amantes", etc.

    Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  11. Partitura: 
  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    [Mañanita, mañanita,     mañanita de San] Juan,
    voy a darle agua al caballo     a la orillita del mar.
    Mientras mi caballo bebe,     esta jota voy a cantar
    para que la oiga mi novio,     que está en palacio real.
    ―Mira, niña, qué bien canta     la serenita del mar.
    ―No es la serenita, madre,      ni tampoco el serenal,
    que es el hijo del rey conde,     que por mí prendado está.
    ―Si es el hijo del rey conde,     tres puñalás le he de dar,
    y otras cuatro a su caballo     para la reina gozar―.
    A la hija como era reina,     la enterraron en el altar,
    y al conde, como era conde,     cuatro pasos más p'allá.
    Y entre medio las dos tumbas     ha florecido un rosal
    donde se curan los mancos,     los mancos de gravedad.
    La reina, como era coja,     allí se vino a curar:
    ―Hija mía, si me curas,     te pondré en la catedral.
    ―Si estás cojita de un pie,     de los dos te has de quedar;
    dos amantes se querían,     no los dejaste gozar.