Conde Niño

Referencia: 
0234r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Luisa Camas Crespín, Concepción Petidier Díez y Laura Alcalde
  3. Edad del informante: 
    67, 63 y 73
  4. Localidad: 
    La Victoria
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Alonso Fernández
  7. Fecha de registro:

    Martes, 1 Octubre, 2002
  8. Notas: 

    Títulos alternativos: "Conde Olinos", "Conde Olivos", "Amor más poderoso que la muerte", "El amor que venció la muerte", "Los amantes perseguidos", "Los dos amantes", etc.

    Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0049

    Fuentes primarias
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 11); Armistead (1978: P2 [J1]); Atero Burgos (2003: n.º 4); Checa Beltrán (2005: n.º 1); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 3 y 4); Piñero Ramírez (1996: n.º 2); Piñero Ramírez (2004: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 8); Torres Rodríguez de Gálvez (1972: p. 389).

  10. Resumen: 

    El conde canta mientras su caballo se detiene a beber agua. Al escucharlo la reina, confunde su voz con la de una sirena, impresión que la infanta desmiente al desvelar que es su amante quien canta. La reina ordena que atrapen y maten al conde. La infanta muere de tristeza. La almas de los amantes adquieren distintas apariencias (de flores, animales u objetos), que son también perseguidas por la reina, quien recibe un castigo final en algunas versiones.

  11. Partitura: 
  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Mañanita, mañanita,     mañanita de San Juan,
    mientras mi caballo bebe,     una copla va a cantar;
    pa que las oiga mi novia,     que está en palacio real.
    ―Mira, niña, qué bien canta     la serenita del mar.
    ―No es la serenita, madre,      ni tampoco el serenal,
    que es el hijo del rey conde,     que por mí penando está.
    ―Que lo maten, que lo maten,     que le den tres puñalás,
    y otras tres a su caballo,     cuatro pasos más pa atrás―.
    La niña que se ha enterado     a casa de un tío va:
    ―Tío mío, favor quiero,     si usted me lo puede dar,
    tengo mis amores muertos     y a la orillita del mar―.
    Estando en estas palabras,     el entierro que pasó:
    ―Adiós, conde de mi alma,     y adiós, conde, ya te vas.
    Cuando pasen cinco días,     en tu compaña he de estar―.
    Pasen uno, pasen dos,      pasen tres, malita está;
    pasen cuatro, pasen cinco,     ya la llevan a enterrar.
    Como hija de la reina,     la enterraron en el altar;
    como hijo del rey conde,     cuatro pasos más atrás.
    Como [entre] una tumba y otra,     ha florecido un rosal;
    la reina, que se ha enterado,     lo ha mandado a recortar.
    Contri más lo recortaba,     más florecía el rosal,
    y eran dos firmes amantes     que se querían de verdad.