Conde Claros en hábito de fraile

Referencia: 
1035r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Amalia Gómez
  3. Edad del informante: 
    72
  4. Localidad: 
    La Overuela
  5. Provincia: 
    Valladolid, España
  6. Recopilador: 
    Joaquín Díaz González
  7. Fecha de registro:

    Sábado, 1 Enero, 1977
  8. Notas: 

    Registro sonoro perteneciente al Archivo de la Tradición Oral de la Fundación Joaquín Díaz (sign.: ATO 00005B 02).

    Título indicado en las anotaciones de campo: "Conde Claros en hábito de fraile".

    Muchos de los temas de esta entrevista fueron también transcritos en el Catálogo Folclórico de la provincia de Valladolid.

    Otros datos de la informante:

    Amalia Gómez nació en La Overuela y reside en Valladolid. Su padre era molinero de San Román de Hornija. Vivió también en Arrabal de Portillo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0159

    Fuentes primarias  
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 2); Armistead (1978: P2 [B]); Atero Burgos (2003: n.º 3); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 38); Piñero Ramírez (1996: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 6).

  10. Resumen: 

    Una dama es requerida por un caballero, que le promete mantener su amor en secreto. El amante cuenta su aventura en la corte, con tan mala fortuna de que llega a los oídos del padre de la muchacha. En otras versiones, la descubre un criado, que se lo cuenta a su padre. Este la encierra en un pozo o en un cuarto. Pasados unos días, unos familiares le comunican que va a ser quemada. La muchacha implora la presencia de un ángel, un pájaro o un familiar para hacer llegar a su antiguo amante una carta donde le informa de su situación. El conde accede a salvar la vida de la muchacha porque lleva en el vientre a un hijo suyo. El día en que se disponen a quemarla, aparece el amante, quien, vestido de monje o de clérigo, exige confesar a la joven. Le pregunta cuántos amantes ha tenido y ella responde que solo uno. El conde le desvela su identidad, huye con ella a caballo y se casan. En otras versiones, el conde se descubre y detiene la ejecución.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Y, a eso de la media noche,     cuando los gallos cantar,
    don Carlos, de mal de amores,     no podía sosegar.
    Aprisa pide el caballo,     aprisa pide el calzar.
    Por la calle de las ramas,     el caballo va a bailar
    y, por la de doña Clara,     el caballo relinchar.
    Esto que oyó doña Clara,     se ha asomado al ventanal:
    —¡Qué furor lleva don Carlos     pa con moros pelear!
    —Más furor llevo, señora,     pa con damas practicar—.
    Se liaron en palabras,     se fueron para el rosal,
    y el escuchero, el parlero,     él escuchándolo está.
    —Por Dios, pido al escuchero,     por Dios y por la verdad,
    de esto que usted haya visto     no quiera decir verdad—.
    Y el escuchero, el parlero,     no lo ha querido callar;
    calle arriba, calle abajo,     con el rey se fue a encontrar.
    —Buenos días, mi buen rey     y los que con él están,
    que su hija, doña Clara,     debajo el rosal está.
    —Si me lo dices callando,     mu bien te lo hubiera pagado,
    pero me lo has dicho a voces;     te voy a mandar quemar—.
    Y, a los dos días siguientes,     ya las iban a quemar:
    —¡Si yo tuviera un sobrino,     ¿a cuántos he dado pan?,
    que me llevara esta carta     a don Carlos de Montealvar!
    —Démela usted a mí, mi tía,     que yo se la iré a llevar
    por donde me ve la gente,     —muy despacito se va—,
    por donde no me ve nadie     —no es correr, que eso es volar.
    Y, a la entrada del palacio,     con el rey se fue a encontrar:
    —Buenos días, mi buen rey     y los que con él están.
    Tenga, señor, esta carta;     la carta se lo dirá—.
    Cogió la carta, leyó,     desmayado cayó atrás
    y, luego, cuando volvió en sí,     ………………………
    —Aprisita, mis criados,     aprisa y no de vagar,
    ensillad siete caballos     (……………………………)
    Jornada de ocho días     en uno lo habéis de andar—.
    Y, en el medio del camino,     tres reventaditos van.
    [Com. 1: Ya llegó a la ciudad.]
    Dejó hábito de rey,     de fraile le fue a tomar
    y, a la entrada del palacio,     con el rey se fue a encontrar:
    —Buenos días, mi buen rey     y los que con él están.
    Esa hija que usted tiene,     ¿si querría confesar?
    —De curas, también de fraile,     bien confesadita va.
    —Eso no lo hace buen rey,     se querrá reconciliar—.
    La ha agarrao de la muñeca,     la ha llevado al pie de altar:
    —Dímelo tú, clara niña,     no me niegues la verdad.
    —De eso que tu cuerpo tienes,     ¿a qué padre lo has de dar?
    [Com. 2: Eso ya se lo habían dicho antes también, pero no…, no…, no lo he dicho. Y dice:]
    —Y a don Carlos, a don Carlos,     don Carlos de Montealvar.
    —¿Tú conoces a don Carlos?—     Vio que tenía el recuerdar.
    Vio que en su brazo derecho     tenía un rico lunar.
    —¡Alegría, doña Clara,     alegría y no pesar!
    ¿Quién te tiene las muñecas?     Don Carlos de Montealvar—.
    La ha subido a su caballo,     delante las hogueras fue a pasar:
    —Que quemen perros en ellas,     que a esta no la queman ya.
    Case, rey, las demás hijas,     que esta bien casada va.
    Si quies saber quién la lleva:     don Carlos de Montealvar.