Conde Claros en hábito de fraile

Referencia: 
0816r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Bernarda Romero Cañizares
  3. Edad del informante: 
    66
  4. Localidad: 
    Miguelturra
  5. Provincia: 
    Ciudad Real, España
  6. Recopilador: 
    María del Carmen Castellanos Gómez y María del Prado Martínez Romero pertenecientes al equipo dirigido por Jerónimo Anaya Flores
  7. Fecha de registro:

    Viernes, 7 Enero, 1983
  8. Notas: 

    La informante indica que el romance lleva por título Alisarda. Lo aprendió de sus padres y lo cantaba en las faenas del campo.

    Notas léxicas:
    conque:  se usa coloquialmente como sustantivo, con el significado de ‘condición con que se hace o se promete algo’ (DRAE: 2014). Ya en el Dic. de Autoridades (T. II: 1729: p. 468) se dice: “Suelese usar [con que] vulgarmente como nombre substantivo”,  aunque en el ejemplo tomado de Quevedo aparece escrito junto: “acompañado de conques”.

    ereginal: por original.

    Otros datos de la informante:
    Bernarda Romero ha nacido y reside en Miguelturra. No sabe leer ni escribir.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0159

    Versión publicada en Anaya Flores (2016: p. 177).

    Fuentes primarias  
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 2); Armistead (1978: P2 [B]); Atero Burgos (2003: n.º 3); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 38); Piñero Ramírez (1996: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 6).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 
    Se pasea la Lisarda     por los altos corredores,
    con pañuelo de Manila,     que le arrastran los galones.
    Pasó por allí don Luna     y se colmaron de amores.
    ―¡Quién te pillara, Lisarda,     (y) esta noche en mis amores!―.
    Contesta la bella dama:     ―Esta noche y otra noche,
    pero ha de ser con el conque*     que no se sepa en la corte―.
    A otro día de mañana,     en la corte se sabía:
    ―Yo dormí con una dama,     más bonita no la había―.
    Todo el mundo dice a voces     que la Lisarda sería,
    y si no era la Lisarda,     (y) una hermana que tenía.
    Y se ha enterado su padre,     le dice: ―Lisarda mía,
    si es mentira lo que dicen,     reina de España serías;
    y si es verdad lo que dicen,     en una hoguera arderías―.
    Se ha metido en una sala     donde bordaba y cosía,
    y la pobre de Lisarda     la embarazada se hacía.
    ―¡Si bajara un pajarito     de esos que saben volar,
    le mandaría una carta     (y) al rey-conde majestad!―.
    Ha bajado el pajarito     y en el pico se la da:
    ―Si le pillas paseando,     no le dejes pasear.
    ―A la pobre de Lisarda,     que te la van a quemar.
    ―La quemen o no la quemen,     a mí no me importa na;
    me importa lo que tie dentro,     que es mi sangre ereginal*―.
    Se quita la ropa el conde,     de fraile se la pondrá,
    se pasea por la plaza     donde la iban a quemar.
    ―Retírese la justicia,     si se quiere retirar,
    que la Lisarda es muy joven     y tiene que confesar.
    ―No, señor, ya he confesado,     me quiero reconciliar.
    ―¿Has amado otros amantes?     ―Más que al conde majestad―.
    La ha montado en el caballo     y al instante ha echado a andar.
    ―En el pueblo más cercano     nos iremos a casar,
    que eso no ha sido motivos     para Lisarda quemar.