Conde Claros en hábito de fraile

Referencia: 
0233r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Francisca Palacios Romero
  3. Edad del informante: 
    80
  4. Localidad: 
    Ojuelos Altos (Fuente Obejuna)
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Alonso Fernández y José Luis Ventosa
  7. Fecha de registro:

    Jueves, 29 Junio, 2006
  8. Notas: 

    Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0159

    Fuentes primarias 
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 2); Armistead (1978: P2 [B]); Atero Burgos (2003: n.º 3); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 38); Piñero Ramírez (1996: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 6).

  10. Resumen: 

    Una dama es requerida por un caballero, que le promete mantener su amor en secreto. El amante cuenta su aventura en la corte, con tan mala fortuna de que llega a los oídos del padre de la muchacha. En otras versiones, la descubre un criado, que se lo cuenta a su padre. Este la encierra en un pozo o en un cuarto. Pasados unos días, unos familiares le comunican que va a ser quemada. La muchacha implora la presencia de un ángel, un pájaro o un familiar para hacer llegar a su antiguo amante una carta donde le informa de su situación. El conde accede a salvar la vida de la muchacha porque lleva en el vientre a un hijo suyo. El día en que se disponen a quemarla, aparece el amante, quien, vestido de monje o de clérigo, exige confesar a la joven. Le pregunta cuántos amantes ha tenido y ella responde que solo uno. El conde le desvela su identidad, huye con ella a caballo y se casan. En otras versiones, el conde se descubre y detiene la ejecución.

  11. Partitura: 
  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Se paseaba Elisarda     por sus lindos corredores
    y el conde que la está viendo     recreándose de amores.
    ―¡Ven acá, niña Elisarda!,     ¡Ven acá, Elisarda mía.
    ―No, conde, que soy muy niña,     se puede enterar la Corte―.
    a los tres o cuatro días,     en la Corte se sentía
    que había dormido una niña     con el conde de Castilla.
    La metieron en un cuarto     donde bordaba y cosía,
    y a eso de los siete meses     la ropa tirante iba.
    Fueron tres primos a verla     y los tres eran cabales,
    y uno que iba en el medio     era su hermano González.
    ―¡Confiésate, hermana mía!,     ¡confiésate, Elisardilla,
    que a las seis de la mañana     te sacan en romería.
    Te sacan para quemarte.     /.................................................../
    La niña le ha contestado:     ―Si me queman, que me abrasen,
    lo que siento es lo del vientre,     que se va sin bautizarse―.
    La cogieron en la Corte,      y empieza la romería;
    le escribió una carta al conde     y a un pajarito la envía:
    ―Si te lo encuentras leyendo,     no lo dejes terminar;
    si te lo encuentras en misa,      no lo dejes arrodillar―.
    Se lo ha encontrado en la iglesia,     no lo dejó arrodillar.
    Se quitó la ropa negra,     se puso la de montar
    y ha cogido su caballo     y ha empezado a caminar.
    Ya que llegaba la hora,     le ha dicho al amazán:
    ―Que paren la romería,     que tiene que confesar―.
    Le ha confesado su padre,      la niña confesó ya,
    la ha cogido de la mano     y ha empezado a caminar:
    ―Dime tú, niña bonita,     ¿de quién vas embarazada?
    ―Dicen que un señor muy bueno,     conmigo lo ha hecho muy mal.
    ―No lo ha hecho tan mal, Elisarda,     porque en sus brazos vas.