Conde Claros en hábito de fraile

Referencia: 
0232r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Engracia Moreno Lucena
  3. Edad del informante: 
    59
  4. Localidad: 
    Montemayor
  5. Provincia: 
    Córdoba, España
  6. Recopilador: 
    Alberto Alonso Fernández
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 17 Junio, 2002
  8. Notas: 

    Transcripción musical: Luis Moreno Moreno

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0159

    Fuentes primarias 
    Alonso Fernández y Cruz Casado (2003: n.º 2); Armistead (1978: P2 [B]); Atero Burgos (2003: n.º 3); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 38); Piñero Ramírez (1996: n.º 1); Piñero Ramírez (2014: n.º 6).

  10. Resumen: 

    Una dama es requerida por un caballero, que le promete mantener su amor en secreto. El amante cuenta su aventura en la corte, con tan mala fortuna de que llega a los oídos del padre de la muchacha. En otras versiones, la descubre un criado, que se lo cuenta a su padre. Este la encierra en un pozo o en un cuarto. Pasados unos días, unos familiares le comunican que va a ser quemada. La muchacha implora la presencia de un ángel, un pájaro o un familiar para hacer llegar a su antiguo amante una carta donde le informa de su situación. El conde accede a salvar la vida de la muchacha porque lleva en el vientre a un hijo suyo. El día en que se disponen a quemarla, aparece el amante, quien, vestido de monje o de clérigo, exige confesar a la joven. Le pregunta cuántos amantes ha tenido y ella responde que solo uno. El conde le desvela su identidad, huye con ella a caballo y se casan. En otras versiones, el conde se descubre y detiene la ejecución.

  11. Partitura: 
  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.2. Romances de referente carolingio y caballeresco
  3. ¶: 

    Girarda se paseaba     por sus lindos corredores
    con vestido de diario      que le arrastran los galones,
    y el conde de Montalbán      la pretendía de amores.
    ―¡Quién te cogiera, Girarda!     ¡quién te cogiera esta noche!
    ―Cógeme cuando tú quieras,      sin que se entere la corte.
    Y al otro día de mañana,      la corte ya lo sabía
    que el conde de Montalbán     con una niña dormía.
    Y el castigo que le han dado,      eso no lo hace nadie,
    de meterla en los pozos     que se le pudran las carnes.
    Dos hermanas que tenía,      sus ojos eran canales,
    todas las mañanas bajaban     a los pozos a llorarle.
    ―¡Ay, hermana de mi alma!,     ¿cuándo me sacan de aquí?
    ―Mañana por la mañana,      al monte a quemarte.
    ―Pajarillo, tú que vuelas     y tantas volás que das,
    corre y llévale esta carta     al conde de Montalbán.
    Si te lo encuentras durmiendo,      tú harás por despertar;
    y si te lo encuentras comiendo     tú harás por esperar―.
    Se ha vestido de obispo,      los montes arriba va.
    ―Paren, paren, la justicia,      paren, paren, el general,
    que esta niña es muy chiquita,     la tengo que confesar.
    ¿Cuántos besos tú les has dado     a los chicos de tu edad?
    ―Nadie, nada más que uno,      al conde de Montalbán.
    que dicen que era muy bueno,     para mí ha sido fatal.
    ―No ha sido tan malo, niña,      cuando en tus brazos va.
    Cayó al suelo desmayada      /........................................./