Blancaflor y Filomena

Referencia: 
1114r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Purificación Pérez Bueno
  3. Edad del informante: 
    47
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    Notas léxicas

    ercalgo: por encargo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0184

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: 89-90)

    Fuentes primarias
    Armistead (1978: P2 [F1]); Atero Burgos (2003: n.º 28); Checa Beltrán (2005: n.º 11); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 24); Piñero Ramírez (1996: n.º 29); Piñero Ramírez (2004: n.º 22); Piñero Ramírez (2014: n.º 25).

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.3. Rupturas amorosas: desamor, adulterio, crímenes pasionales
  3. ¶: 
    En el jardín del amor,     entre el amor y la yedra,
    dos niñas se paseaban:     Blancaflor y Filomena.
    Por allí pasó Charquiles,    se enamora de una de ellas; 
    se casa con Blancaflor,     no olvidando a Filomena. 
    Ya se casan, ya se velan,     ya se la lleva a su tierra,
    con zapatitos bordados     y medias de Ingalaterra. 
    Y, a los siete u ocho meses    dice que se va a la guerra. 
    —(Y) es mentira, que me engañas,    que te vas a casa tu suegra. 
    Si mi madre se enterara,     sale al camino y te espera—.
    La madre, que se ha enterado,     sale al camino y lo espera.
    Ya pregunta por salud:     ―¿Mi hija cómo se queda?  
    ―Preñadita de ocho meses,     que era lo qu’usted desea, 
    y el ercalgo* que me ha dao:    que me lleve a Filomena, 
    para el día de su parto     tenerla en su cabecera. 
    ―(Y) el ercalgo que te doy:     que a mi hija la devuelvas, 
    que la quiere el rey de España     para casarse con ella―. 
    Ya la monta en un caballo;     Filomena, en una yegua;
    todo el mundo que la ve:     —¡Malhaya quien se la entriega!
    —(Y) ¡Adiós, amiguitas mías,     que mi madre me destierra!
    —No te destierra tu madre,     que es tu cuñado y te lleva—.
    Y, al llegar al monte Espino,     con palabras la requiebra:
    —¿Qué es esto, cuñado mío,     que el Enemigo te tienta?
    —No me tienta el Enemigo,      que esta es la belleza nuestra—.
    Y, al llegar al pino verde,     le ha sacadito la lengua
    y, al grito que ella dio,     un pastorcito se acerca.
    Con las manos lo llamaba,     con la boca le hacía señas:
    —¿Tiene usted pluma y papel     para poder escribir cuatro letras?
    —Tenga usted pluma y papel,     que me la encontré en la sierra.
    Con la sangre de sus venas,     puede usted escribir la esquela—.
    Y,  al llegar él a su casa:     —Blancaflor, ponme la cena—.
    Y, al tomar la primer sopa:     —(Y) ¡Ay, qué dulce está esta cena!
    —Más dulce tuve el abrazo     de mi hermana Filomena.
    La maldición que te echo:     que te devoren las fieras
    y que pases el martirio     de mi hermana Filomena.