Blancaflor y Filomena

Referencia: 
1114r
  1. Archivo de audio: 
  2. Informante: 
    Purificación Pérez Bueno
  3. Edad del informante: 
    47
  4. Localidad: 
    Jamilena
  5. Provincia: 
    Jaén, España
  6. Recopilador: 
    José Checa Beltrán y Joaquina Checa Beltrán
  7. Fecha de registro:

    Lunes, 1 Diciembre, 1980
  8. Notas: 

    Notas léxicas

    ercalgo: por encargo.

  9. Bibliografía: 

    IGRH: 0184

    Versión publicada en Checa Beltrán (2005: 89-90)

    Fuentes primarias
    Armistead (1978: P2 [F1]); Atero Burgos (2003: n.º 28); Checa Beltrán (2005: n.º 11); Mendoza Díaz-Maroto (1990: n.º 24); Piñero Ramírez (1996: n.º 29); Piñero Ramírez (2004: n.º 22); Piñero Ramírez (2014: n.º 25).

  10. Resumen: 

    Un padre o una madre pasea con sus hijas y un caballero se enamora de una de ellas. La madre prefiere darle la mano de la mayor, pero el pretendiente no olvida a la otra hermana. Cierto día, el galán decide satisfacer sus deseos. Con la excusa de partir hacia la guerra, acude a casa de su suegra. Le dice que su esposa está embarazada y que desea que su hermana la asista en el parto. Él promete defender su honor y la madre se la entrega. Una vez en el monte, el cuñado la viola y le corta la lengua para que no cuente lo sucedido. Un pastor oye los gritos de la joven y esta le pide papel para escribir una carta. Como no tiene tintero, la muchacha emplea su propia sangre. Un ave transporta la misiva hasta la casa de su hermana. Para vengarse del marido, la muchacha guisa a su hijo recién nacido y se lo sirve como cena. En otras versiones, la muchacha aborta y guisa el feto. El marido se sorprende del exquisito sabor de la carne y la esposa se lo confiesa todo. La joven muere en la horca o es asesinada por el marido. En muchas versiones se omite la truculenta secuencia del asesinato del niño, aunque se conserva el halago del marido hacia la cena servida. Suelen concluir cuando la esposa le confiesa que ha recibido la carta de la hermana. En ocasiones, maldice al marido por su mala acción o le asegura que la justicia lo prenderá para que confiese el lugar donde yace su hermana. En algunas versiones, se incluye una advertencia del narrador a las madres para que no casen a sus hijas en tierras lejanas.

  1. Categoría:

    Romancero
  2. Subcategoría:

    1.4.3. Rupturas amorosas: desamor, adulterio, crímenes pasionales
  3. ¶: 
    En el jardín del amor,     entre el amor y la yedra,
    dos niñas se paseaban:     Blancaflor y Filomena.
    Por allí pasó Charquiles,    se enamora de una de ellas; 
    se casa con Blancaflor,     no olvidando a Filomena. 
    Ya se casan, ya se velan,     ya se la lleva a su tierra,
    con zapatitos bordados     y medias de Ingalaterra. 
    Y, a los siete u ocho meses    dice que se va a la guerra. 
    —(Y) es mentira, que me engañas,    que te vas a casa tu suegra. 
    Si mi madre se enterara,     sale al camino y te espera—.
    La madre, que se ha enterado,     sale al camino y lo espera.
    Ya pregunta por salud:     ―¿Mi hija cómo se queda?  
    ―Preñadita de ocho meses,     que era lo qu’usted desea, 
    y el ercalgo* que me ha dao:    que me lleve a Filomena, 
    para el día de su parto     tenerla en su cabecera. 
    ―(Y) el ercalgo que te doy:     que a mi hija la devuelvas, 
    que la quiere el rey de España     para casarse con ella―. 
    Ya la monta en un caballo;     Filomena, en una yegua;
    todo el mundo que la ve:     —¡Malhaya quien se la entriega!
    —(Y) ¡Adiós, amiguitas mías,     que mi madre me destierra!
    —No te destierra tu madre,     que es tu cuñado y te lleva—.
    Y, al llegar al monte Espino,     con palabras la requiebra:
    —¿Qué es esto, cuñado mío,     que el Enemigo te tienta?
    —No me tienta el Enemigo,      que esta es la belleza nuestra—.
    Y, al llegar al pino verde,     le ha sacadito la lengua
    y, al grito que ella dio,     un pastorcito se acerca.
    Con las manos lo llamaba,     con la boca le hacía señas:
    —¿Tiene usted pluma y papel     para poder escribir cuatro letras?
    —Tenga usted pluma y papel,     que me la encontré en la sierra.
    Con la sangre de sus venas,     puede usted escribir la esquela—.
    Y,  al llegar él a su casa:     —Blancaflor, ponme la cena—.
    Y, al tomar la primer sopa:     —(Y) ¡Ay, qué dulce está esta cena!
    —Más dulce tuve el abrazo     de mi hermana Filomena.
    La maldición que te echo:     que te devoren las fieras
    y que pases el martirio     de mi hermana Filomena.